Como tengo un poco de resaca y la creatividad por los suelos, os adjunto un cuento que escribí hace tiempo. Espero que os guste:
La Insignia
“Este discurso va dirigido a vosotros, mediocres de la tierra” dijo Dexter Nie, ajustándose la pajarita roja que se había comprado expresamente para la ocasión. “Yo también he sido uno de vosotros”, continuó, buscando en el rostro de los espectadores el efecto innovador y destructor de sus palabras.
“Yo también he tenido una familia, un perro, una suegra, una tostadora y un montón de sueños vanos guardados en los trasteros del olvido. Mi vida, realmente comenzó un buen día de diciembre. Estaba paseando como todos los días a las seis en punto de la tarde a mi perro y pensaba en la manera de solucionar un embrollo en que me había metido mi jefe. Estaba mareado y la cabeza me daba vueltas. Mi puesto de trabajo y mi futuro dependían de mi capacidad de responder a los problemas surgidos en la cadena de producción. Y ustedes se preguntarán… ¿qué culpa tenía yo de que los zoquetes de la cadena de producción no supieran manejar la fresadora?”. Calló unos instantes como si aguardara que alguien del público le diera la razón ante lo comedido de sus palabras. Pero nadie respondió. Encogió los hombros y continuó:
“Como iba diciendo, aquel día paseaba al perro pensando en mis problemas. En un determinado momento dejé de estar dentro de mí. No sé muy bien cómo explicarlo pero es como si yo me estuviera viendo a mí mismo pasear por la calle con el perro. “¿Qué hace ese hombre aquí?” me preguntaba. “¡Bah! No es más que un hombre diminuto que pasea a su perro pensando que sus diminutos problemas ocupan el centro del Universo”. ¿Acaso nunca han pensado ustedes eso de otras personas?, pero ¿qué pasa cuándo ese Ser diminuto es uno mismo?.
En aquel momento recordé aquellos años de mi vida en que luchaba por hacer algo grande, por no ser uno de tantos.. Había despreciado a mi padre por ser un hombre mediocre y sin ambiciones y ahora me daba cuenta de que ese sería mi destino para siempre. ¿Inevitablemente?
No. Dejé atrás todo mi pasado: mi trabajo, mi mujer y mis hijos y entré en la Universidad. Sí. Ya sé que objetarán que dejar el trabajo era más que suficiente, sin embargo, mis ambiciones eran tantas que para realizar mis sueños necesitaba ese tiempo y esa libertad de espíritu que mi familia me había robado. Es triste pensarlo, pero es así: la familia es un freno para el genio. Agosta la creatividad y nos sume poco a poco en el pozo de la medianía.
Ahora vivo solo, dedicado a mi gran obra. Nada me distrae, no siento frío ni calor, no gozo ni padezco. Toda mi vida gira en torno a ella y a ella he dedicado mi vida. He estudiado mucho y he trabajado mucho para llegar a escribir los libros que tanto han dado que hablar al mundo.
Por eso este es el día más feliz de mi vida… después de muchos años se reconoce mi valía. Ya no estoy al otro lado. Ya no me siento ahí donde están ustedes y admiro al hombre que enfrente mío tiene la capacidad con su sabiduría de hechizar al auditorio. En mis libros tenéis un ejemplo a seguir. Yo también he sido uno de vosotros. Comprendo lo que sentís cuando llegáis a casa y no os queda más consuelo que el muro donde se estrellan vuestros sueños. No perdáis vuestra vida en el laberinto de la monotonía y dad lo mejor de vosotros a los demás. El mundo no espera menos de vosotros”.
Calló y juntó las manos como si elevara una plegaria al cielo. El auditorio estalló en aplausos. La mayoría de los asistentes estaba conmocionado por aquel discurso tan brillante y sentido.
Cuando terminó el ágape, el presidente de la Sociedad de Pescadores de Kentucky hizo entrega al doctor Dexter Nie de la insignia de oro y brillantes, máxima insignia de la Federación de Pesca. En los discursos que siguieron a la entrega de la insignia se alabó la profundidad y el alcance de sus conclusiones en las técnicas de pesca de bajura.


1 comentarios:
Este cuento sí que tiene tiempo, aunque me encanta. ¿Tienes todos guardados?
Publicar un comentario en la entrada