jueves 3 de enero de 2008

Apreciar la Música (II)

Decíamos en la entrada anterior que toda interpretación se compone de dos elementos fundamentales: técnica y expresión. Quedamos en que la parte técnica es aquella que se encarga de la parte gimnástica, de la parte física de la interpretación y consistía en transcribir la partitura de manera fiel.

La expresión por contra es la que se ocupa de la parte espiritual de la música. Hablábamos del simil del niño que aprende a leer: la parte técnica es aquella que le enseña a convertir las letras en palabras, la parte espiritual es aquella que le enseña a dar significado a las palabras.

Así como la parte de la técnica es en cierto modo objetiva y podemos saber con cierto entrenamiento si un intérprete desafina o si tiene problemas rítmicos, la parte de le expresión se adentra en las tierras resbaladizas del subjetivismo. Podríamos explayarnos un buen rato sobre las teorías del gusto que desarrollaron los filósofos griegos, romanos, renacentistas e ilustrados que pretendían establecer cánones objetivos de belleza. Pero no lo vamos a hacer.

Solamente vamos a enunciar tres líneas estéticas generales:

1) geométricas: una gran mayoría de pensadores griegos, romanos y medievales consideran que la música de la tierra es un reflejo de la música de las esferas que se da en el universo. Inciden en la parte geométrica/matemática de la música e inciden sobre todo en las proporciones.

2) imitación de la naturaleza: la música es expresión de la realidad sensible. Con los años va evolucionando hacia la expresión del "yo" interior con su cenit en el siglo XIX con el romanticismo: la música expresa mis sentimientos más allá de donde llega la palabra.

3) Espectáculo: con la llegada de las primeras vanguardias la música huye de la tradición clásico romántica y de toda capacidad de expresión del yo. Stravinsky en su Poética define la música como un espectáculo: algo que produce sensaciones y sentimientos pero que son ajenos a los sentimientos del artista.

Lo primero que tenemos que juzgar a la hora de evaluar una obra es el propio disfrute. Mucha gente acude por primera vez a un concierto piensa que no debe juzgar porque no sabe. Y en este caso, no saber significa "no saber poner palabras a sus propias sensaciones". En este sentido, es importante sentirse con derecho a aburrirse, a emocionarse, a divertirse o a enfadarse. Las obras de música clásica son muy complejas pero en el fondo la única función que tienen es la de provocar una reacción en el público.

Dicho esto, no podemos negar algo tan objetivo como el hecho de que hay músicos mejores que otros. Me gusta comparar el mérito de una interpretación con un comentario de texto: hay gente que lee un libro y es capaz de llenar 200 páginas de comentarios interesantes (y si no repasad otros blogs que circulan por ahí) y gente que lee el mismo libro y solo le sugiere un comentario básico de 20 líneas. Con la música pasa lo mismo: hay músicos que leen una partitura y empiezan a conectar ideas, pensamientos, sensaciones y sentimientos y otra gente que es capaz de entender menos.

Podríamos definir tres aspectos que determinan la diferencia entre una buena o mala interpretación: 1) esta inteligencia emocional a la que nos referíamos antes, 2) el tiempo empleado en estudiar una partitura y 3) la imagen externa

No se me tiren de los pelos... por desgracia, no olvidemos que la música - si hacemos caso a Stravinsky - es espectáculo y la imagen es fundamental. Os adjunto fotos de artistas de primerísimo nivel:



Son Janine Jansen, Hilary Hahn, Anne-Sophie Mutter y Joshua Bell.

El problema mayor con los artistas de hoy en día es el del tiempo. Vivimos en tiempos donde el mercado es soberano y los artistas se ven obligados muchas veces a tocar hasta 120 conciertos al año (esto es uno cada tres días) y no tienen apenas tiempo para asimilar las obras e interiorizarlas. Decían que Horowitz se encarraba dos años cada vez que quería preparar un nuevo programa. Eso hoy en día ya no sucede.

En definitiva la parte expresiva se podría resumir en una conjunción de inteligencia, tiempo e imagen. Quisiera concluir con dos consejos: a la hora de valorar un artista no es fieis de la impresión que os produzca la primera vez que lo oís. Los músicos viajan todos los días, tienen días buenos y malos y eso afecta mucho su rendimiento. Elaborad un juicio firme solo cuando lo hayáis escuchado dos veces por lo menos. Por otra parte, no os fieis de lo que os digan otros por mucho que sepan: más vale una idea propia mala, que una ajena buena.

Para terminar os porpongo un ejercicio. Vamos a escuchar tres versiones del tercer movimiento de la Sonata Waldstein de Beethoven. Me gustaría que me dijéseis cual os gusta más e intentar decir por qué de manera sencilla. Si no queréis contestar en forma de post lo podeis hacer a mi dirección de correo personal:

Claudio Arrau



Emil Gilels



Nelson Freire



En la próxima sesión hablaremos de las orquestas.

7 comentarios:

alfonso dijo...

Bueno, Federico, me presento a examen público en la prueba que nos planteas. He tomado alguna nota mientras escuchaba cada versión intentando poner en palabras lo que oía y ahora redacto quizá condicionado por la última que he oído. Pero, en fin, con las disculpas de quien no sabe y hace su primera crítica musical, ahí va mi opinión:
Arrau: sobria, poco sentimental, agresiva, sin brillos, el piano (esto lo pienso ahora, comparando con las que le siguen) suena duro.
Gilels: más suave, más ligada, más elegante y delicada, intenta ser emotiva y es, sin duda, menos estridente.
Freire: im-presionante, espectacular aunque aparentemente sencilla, acaricia los pasajes y deja muchas notas en la sombra. Da la impresión de estar dos pueblos más allá de lo que está tocando.
Temo que el orden beneficie a Freire pero creo que no. Es un virtuoso pero no está haciendo un alarde, está interpretando.

Federico Hernández dijo...

Muchas gracias por romper el fuego. Los comentarios son muy buenos. Si te parece esperamos unos días por ver si alguien se anima y hacemos un comentario general. Por cierto, no tiene que ver con este tema, pero la versión de Arrau tiene muchos problemas en la parte técnica. Muchas notas falsas. En cualquier caso, el juicio tiene que ser independiente de eso.

aira-m dijo...

Estoy en el trabajo y no tengo audio. En cuanto llegue a casa y cene, lo escucho y opino (opinar me encanta, sobretodo cuando me han dado permiso previo para decir barbaridades).

Mis profes de estrategias de formación estarían encantados con estas entradas, Kiko. Nos preparas ejercicios y todo!

Jairo dijo...

Soy principiante en esto de la apreciación musical, pero coincido totalmente con la opinión de Alfonso; la interpretación de Arrau es demasiado agresiva, y la de Gilels es demasiado suave; me quedo definitivamente con Freire.

Un ejercicio interesante que se podría proponer es hacer lo mismo pero con diferentes directores de Orquesta. ¿Qué Opinan? Claro, para esto tendríamos que apoyarnos totalmente en las sugerencias de Federico que me parece, es la persona más idónea para realizar este trabajo.

Nota: Por cierto, tengo una pregunta, cual sería la definición técnica para una "nota falsa"?

Federico Hernández dijo...

Hola Jairo, tomo nota de la sugerencia de los directores de orquesta. Lo podemos hacer en la siguiente sesión de "Apreciar la Música". La pena es que poca gente se anima a contestar públicamente y esto esta bien en tanto en cuanto la gente opina. En cualquier caso, estos ejercicios están bien para esto.

Una nota falsa se produce cuando el intérprete toca una nota distinta de lo que está escrito... por decirlo de manera coloquial cuando "aprieta la tecla que no es". Distinguir una nota falsa entre miles que componen una obra no es fácil pero se intuye cuando se empieza a conocer las obras y esperas unos sonidos determinados. En cuanto a las versiones, se ve que de momento gana Freire por goleada. A mi siempre me gustó mucho Arrau por la belleza y majestuosidad de su sonido. No obstante, estoy de acuerdo en que esta grabación (de sus últimos años) no es precisamente lo mejor. Gilels, un pianista ruso-americano, tiene un sonido muy directo y llano. Freire toca de manera magistral, tiene una facilidad alucinante para lo delicado. Por cierto, dentro de unas semanas toca en Barcelona con la orquesta el Primero de Brahms.

パオラ dijo...

Hola! Me parecio muy interesante tu mirada de apreciar la musica. Ya sé que es una entrada vieja, pero me resulta interesante como lo planteaste.

Federico Hernández dijo...

Bueno, se agradece igualmente... Espero que te gusta igualmente el resto. Un saludo