Los veinte últimos años del siglo XVIII son probablemente la etapa más fascinante para la teoría de la recepción y la sociología de la música. Contemplamos la destrucción de un orden antiguo y el nacimiento de nuevos valores que siguen vigentes aún en nuestros días.
Con el declive de la monarquía y el ascenso de las clases burguesas, cambia la función social del músico. Ya no será un empleado a las órdenes de un príncipe o de un obispo, ni tendrá que seguir las directrices estéticas de ningún señor. Con el surgimiento de los conciertos públicos, el artista escribe para una gran audiencia y los parámetros que miden el éxito y el fracaso no dependerán del arbitrio de uno, sino de los sentimientos de la masa y de la imagen pública del artista.
Por supuesto, esta evolución fue lenta y costosa y muchos compositores no fueron capaces de sobrevivir en este nuevo escenario: Mozart (1756-1791) murió en la más absoluta de la pobreza, Beethoven (1770-1827) murió en el cenit de su popularidad pero después de haber experimentado numerosas crisis financieras y Schubert (1797-1828) vivió miserablemente toda su vida.
Si Franz Joseph Haydn (1732-1809) consiguió llevar una vida placentera en medio de tanto marasmo se debió a dos causas principalmente: su música era ya muy popular cuando sobrevienen estos grandes cambios y que tuvo la suerte de elegir al público de Londres para sus experimentos.
Frente a las otras grandes metrópolis de la música, Londres ofrecía grandes ventajas a los compositores: un marco político estable, una burguesía poderosa y sedienta de cultura y una infraestructura cultural tremendamente avanzada para su tiempo. En efecto, en una época en la que no existían apenas orquestas estables, Londres contaba con dos de altísimo nivel y con empresarios dispuestos a invertir dinero en el talento.
Es por esto que Solomon - uno de los grandes empresarios londinenses – cuando supo que el Príncipe de Esterhazy había muerto y que Haydn estaba liberado de sus compromisos con la casa húngara, no dudó ni un momento en plantarse en Viena. Según cuenta su biógrafo Dies, Solomon se presentó: “Soy Salomon de Londres y he venido a buscarle. Mañana llegaremos a un acuerdo”.
Haydn encontró en Londres una acogida inesperada. Toda persona de importancia quería conocerle y en seguida trabó amistad con la Casa Real Inglesa. La Universidad de Oxford le otorgó el doctorado honoris causa. En su primera estancia (1791-1792), Haydn estrenó las Sinfonías nº 93-98, en su segunda (1794-1795) las nº 99-104.
Con el declive de la monarquía y el ascenso de las clases burguesas, cambia la función social del músico. Ya no será un empleado a las órdenes de un príncipe o de un obispo, ni tendrá que seguir las directrices estéticas de ningún señor. Con el surgimiento de los conciertos públicos, el artista escribe para una gran audiencia y los parámetros que miden el éxito y el fracaso no dependerán del arbitrio de uno, sino de los sentimientos de la masa y de la imagen pública del artista.
Por supuesto, esta evolución fue lenta y costosa y muchos compositores no fueron capaces de sobrevivir en este nuevo escenario: Mozart (1756-1791) murió en la más absoluta de la pobreza, Beethoven (1770-1827) murió en el cenit de su popularidad pero después de haber experimentado numerosas crisis financieras y Schubert (1797-1828) vivió miserablemente toda su vida.
Si Franz Joseph Haydn (1732-1809) consiguió llevar una vida placentera en medio de tanto marasmo se debió a dos causas principalmente: su música era ya muy popular cuando sobrevienen estos grandes cambios y que tuvo la suerte de elegir al público de Londres para sus experimentos.
Frente a las otras grandes metrópolis de la música, Londres ofrecía grandes ventajas a los compositores: un marco político estable, una burguesía poderosa y sedienta de cultura y una infraestructura cultural tremendamente avanzada para su tiempo. En efecto, en una época en la que no existían apenas orquestas estables, Londres contaba con dos de altísimo nivel y con empresarios dispuestos a invertir dinero en el talento.
Es por esto que Solomon - uno de los grandes empresarios londinenses – cuando supo que el Príncipe de Esterhazy había muerto y que Haydn estaba liberado de sus compromisos con la casa húngara, no dudó ni un momento en plantarse en Viena. Según cuenta su biógrafo Dies, Solomon se presentó: “Soy Salomon de Londres y he venido a buscarle. Mañana llegaremos a un acuerdo”.
Haydn encontró en Londres una acogida inesperada. Toda persona de importancia quería conocerle y en seguida trabó amistad con la Casa Real Inglesa. La Universidad de Oxford le otorgó el doctorado honoris causa. En su primera estancia (1791-1792), Haydn estrenó las Sinfonías nº 93-98, en su segunda (1794-1795) las nº 99-104.
El año que viene, se celebra el doscientos aniversario de la muerte de Haydn. Seguro que será una ocasión única para redescubrir a uno de los músicos más interesantes y apasionantes que tenemos.


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