
Al despuntar la aurora hazte la siguiente consideración previa: me encontraré con un indiscreto, un ingrato, un insolente, un mentiroso, un envidioso, un insociable. Todo esto les acontece por ignorancia de los bienes y de los males...
Con este breve párrafo comienza una de las éticas filosóficas más fascinantes de la historia de la literatura. Marco Aurelio (121-180) escribió sus Meditaciones como una compilación de todas las enseñanzas que había recibido a lo largo de su vida. Su título original Ta eis heuatón significa en griego "Acerca de si mismo" y el título de Mediatciones llegará tras una serie de modificaciones, malas traducciones e interpretaciones libres. Las Meditaciones junto a las Cartas a Lucilio de Séneca, son el compendio perfecto de la ética estoica con sus temas recurrentes: la fugacidad de la vida, la fragilidad de lo mundano, la búsqueda de la sabiduría y la impasibilidad ante los vaivenes de la fortuna. Una bella lección para aprender en estos días de anhelos de eternidad, deseo de lo mundano, búsqueda del placer y crisis profundas ante los vaivenes de la fortuna.
Marco Aurelio nació en el seno de una de las familias más influyentes de Roma. Su abuelo M. Anio Vero fue prefecto de Roma y cónsul tres veces. Su bisabuelo había sido procónsul de Asia, dos veces cónsul y prefecto de Roma. Marco Aurelio fue adoptado muy joven por el emperador Adriano y recibió una esmerada educación en griego y en latín.
A la muerte de Adriano (genial, excéntrico, misterioso), le sucede Antonino Pío que dirigió el imperio en paz durante veintirés años. A la muerte de Antonino en 161, Marco Aurelio toma las riendas del imperio dirigiéndolo conforme a las ideas que desarrolla en las Meditaciones.
Es importante constatar que el siglo II, fue el último gran momento de estabilidad del imperio romano. Cuatro emperadores consecutivos habían gobernado con acierto: Trajano (guerrero, consiguió extender el imperio hasta el límite máximo que jamás tuvo), Adriano (el artista, hizo florecer las artes), Antonino Pío (administrador, consiguió grandes avances en política interna) y Marco Aurelio. Después vendrá una época de inestabilidad y turbulencias tras la que el imperio ya no volverá jamás al antiguo esplendor de sus antepasados.
Sin embargo, el reinado de Marco Aurelio no fue nada cómodo. Comenzó con la invasión de los partos de las tierras de Armenia. Poco después los bárbaros del Danubio invadieron la zona de lo que hoy sería Hungría, Rumanía y los Balcanes llegando a las puertas de Aquileia. Después de sofocar ambas sublevaciones, se levantan los bárbaros del Norte (marcómanos, sármatas, yáziges). Cuando ha controlado esta última sublevación, llegan desde Oriente noticias preocupantes: Avidio Casio se ha proclamado emperador en Siria. Por suerte, antes de enviar las tropas, sus propios soldados asesinaron a Casio. Cansado y envejecido muere en Vindobona (Viena) luchando contra los bárbaros.
Algunas de sus meditaciones:
Destruye la sospecha y queda destruido lo de "se me ha dañado"; destruye la queja de "se me ha dañado" y destruido queda el daño (Libro IV, 7)
No consideres las cosas tal como las juzga el hombre insolente o como quiere que las juzgues; antes bien examínalas tal como son en realidad (Libro IV, 11)
Cuánto tiempo libre gana el que no mira qué dijo, hizo o pensó el vecino, sino exclusivamente qué hace él mismo (Libro IV, 18)
Camino siguiendo las sendas acordes con la naturaleza, hasta caer y al fin descansar, expirando en este aire que respiro cada día (Libro V, 4)
Donde es posible vivir, también allí se puede vivir bien y es posible vivir en palacio, luego es posible vivir bien en palacio (Libro V, 16)
A la piedra tirada a lo alto, ni la perjudica el descenso ni tampoco el ascenso (Libro IX, 17)
Decía Sócrates: "¿Qué queréis?¿Tener almas de seres racionales o irracionales? De seres racionales. ¿Sanos o malos? Sanos. ¿Por qué, pues, no las buscáis? Porque las tenemos. ¿Por qué entonces lucháis y disputáis?"

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