viernes 1 de febrero de 2008

Apreciar la Música (V)

En los anteriores capítulos hemos ido viendo, de manera un poco precipitada, los elementos estéticos básicos para la apreciación de la música (I y II) y estamos analizando los elementos que conforman un concierto (II, III y IV): intérpretes, orquesta, director. Hoy vamos a terminar con los aspectos que confirman un concierto con los auditorios y teatros.

A la hora de hablar de salas de concierto tenemos que tener en cuenta su dimensión física y su dimensión espiritual. Como afirma Alfonso López Quintás, en su estética, las salas de conciertos vienen a ser templos y lugares donde va a suceder algo fantástico; son también lugares de encuentro; son lugares donde reposa la historia cultural de una ciudad o de una nación.

Veamos un ejemplo: cuando acudimos a escuchar un concierto al Musikverein de Viena, no solo apreciamos la hermosa sala dorada sino que también estamos apreciando su historia (el concierto de Año Nuevo, el papel que jugó en la Segunda Guerra Mundial, a Mahler paseando por sus salas...).

Una vez que entramos , no solo escuchamos un concierto, sino que participamos de una serie de ritos que conforman el concierto: llegamos con veinte minutos de antelación, quedamos con los amigos, cuando entra el director todos aplaudimos, permancecemos en silencio y aplaudimos conforme una serie de usos preestablecidos.

En definitiva, hay todo un código de comportamiento con sus significantes a lo largo de un concierto: si una señora abre un caramelo porque se está asfixiado, la gente protestará y la mirará con indignación porque, aunque la señora se comporte de buena fe, se está saltando los códigos de buena práctica que todos, más o menos, hemos asimilado. Si un señor se va sin aplaudir porque tiene que ir al funeral de su tía, caerá fulminado por la mirada de sus compañeros de asiento que entenderán que es un palurdo que no sabe disfrutar de los placeres de un buen concierto. Eso sí, lo peor y que uno nunca debe hacer, si no quiere vivir en el ostracismo social, es aplaudir cuando no toca.

Solamente se aplaude cuando se ha terminado una obra completa, pero de la misma manera que los libros tienen capítulos, las obras tienen movimientos. A veces, uno se puede perder pero hay un truco infalible: nunca seas el primero en aplaudir...

El elemento social en los conciertos tiene también su importancia. Hay mucha gente que asiste a los conciertos para figurar, para conocer, para ver y ser visto. Esto se debe a que, tradicionalmente, se ha considerado la música como un arte superior (no es fácil comprender un concierto sin conocer una serie de códigos) y ha reunido siempre a la elite intelectual. Hay algunos aficionados que se rasgan las vestiduras al ver que gente que no tiene interés en la música mancilla las salas de los conciertos, pero eso en el fondo, viene a ser como los fariseos y escribas cuando se rasgaban las suyas de ver a Jesús entrando en el templo. No pasa nada. Tened en cuenta, que lo realmente mágico de las salas de conciertos es precisamente esa diversidad de gustos, intenciones y pasiones.

Me encantaría poder hablar de temas de acústica pero reconozco mi ignorancia y, si alguno vez hablo de esto, es más por intuición que por conocimiento.

En cuanto a las salas de concierto más emblemáticas podemos citar al Carnegie Hall y Avery Fisher Hall en Nueva York, Royal Albert Hall, Queen Elizabeth Hall, Wigmore y Barbican Center en Londres, Musikverein en Viena, Philharmonie en Berlín, Tonhalle en Zurich y Concertgebouw en Amsterdam.

Si podemos presumir de algo en España es de salas de conciertos ya que, casi todos los auditorios son nuevos y con condiciones acústicas impresionantes. Destacan, Auditorio Nacional, Auditorio de Zaragoza, Auditorio de Valladolid, Baluarte en Pamplona, Kursaal en San Sebastián y Auditorio de Castellón.
En la próxima sesión vamos a hablar de la industria discográfica.

2 comentarios:

juan dijo...

No te puedes olvidar de los que tosen entre movimiento y movimiento. Un auténtico clásico. Da igual si es en verano o en invierno. A los conciertos se va a toser. Cooooooño!

Federico Hernández dijo...

Ciertísimo... en cualquier caso, siempre que es una manera inconsciente de interactuar con el público. Hay un fenómeno curioso que cuanto más selecto es el público y cuanto más interesante es la obra, va decreciendo proporcionalmente el número de tosidos.