sábado 2 de febrero de 2008

El público y la música contemporánea

Cuando Milton Babitt escribió en los años cincuenta su célebre artículo "¿A quién le importa si tu escuchas?" no estaba sino certificando el divorcio del público con la música de su tiempo. En la época más experimental de la historia de la música clásica (años 50 y 60) se creó una triste separación de la audiencia y los creadores.

Por desgracia, como en todo divorcio, los que más sufren son los niños y es nuestra generación la que ha padecido las consecuencias de los errores pasados. La época actual es estéticamente confusa porque los autores ofertan algo que el público ya no demanda. Y como en todos los matrimonios mal avenidos, cuando a uno no siente el cariño del cónyuge infiel, tira de agenda y vuelve en busca de antiguos amores. El público engaña a los creadores con antiguos amantes (Bach, Beethoven, Brahms, Mahler, Wagner...) e icluso, como el creador infiel no reacciona, el público prefiere descubrir amigos que estaban (justamente) olvidados - Salieri, Hummel, Spohr, Raff, Arenski, Liadov - antes que volver los ojos al amante despechado.

Por su parte, el autor - que es de un orgullo insano - en vez de buscar una fórmula que le reconcilie con su otrora amada audiencia acude a Papá Estado para decirle que su amante le es infiel, que se ha largado con todo el dinero y que apenas pueden sobrevivir con lo poco que le queda. Le cuenta a Papá que su labor, aunque económicamente sea del todo improductiva, es fundamental para aumentar el prestigio de la Cultura Española (esto último varía según la autonomía y también puede cambiarse por Catalana, Gallega, Vasca, Extremeña,Riojana o Ceutí).

Papá Estado que viene de buena familia y no repara en gastos cuando se trata de un hijo - aunque le haya salido rana - habla con sus amigos que gestionan las orquestas nacionales (lease también, autonómicas) y le pide que le den un trabajillo al chico para que vaya tirando. Como los amigos de Papa Estado viven, al fin y al cabo, de sus ayudas, no tienen más remedio que aceptar y aunque el hijo les parece que es un poco vago y que vive del cuento, le doran la píldora y le hacen un poco la pelota para ver si consiguen un aumento de los fondos para la orquesta.

El hijo se ve tan lisonjeado por todos que se reafirma en sus principios, se crece y piensa que la culpa de todos sus males, la tiene el pérfido público que nunca le ha entendido...

Este culebrón seguirá sin fin hasta que Papá Estado se canse y le de un buen cachete a su díscolo hijastro y le diga que se busque los garbanzos por su cuenta. Ese día volverá a cortejar al público y a replantearse sus principios y sus normas de conducta. Por otra parte, como en todas las rupturas, el público tendrá que comprender que no todo han de ser mimos y caricias y tendrá que poner todo de su parte y ser más receptivo.

Y colorín, colorado... ¿este cuento se ha acabado?

3 comentarios:

LuisÁngel dijo...

Hola, soy Luis Ángel de Benito, de Radio Clásica. Con tu permiso, vamos a mencionar tu blog en el programa de tertulias de mañana sábado 4 de cotubre a las 15'00, que se llamará de manera muy parecida a tu estupendo artículo sobre el divorcio entre compositor y público. Mi e-mail es luisangeldebenito@gmail.com

Federico Hernández dijo...

Hola Luis Ángel,

Aunque tarde, te agradezco la mención. Muchas gracias!

Anónimo dijo...

Claro que si. Ya esta bien de que mis impuestos se gasten en musica para viejas. Lo clasico murio hace siglos, si hay que dar subenciones es a los cientos de grupos que tienen que ensayar de mala manera en locales de m.... con instrumentos de segunda mano y que no pueden vivir de su musica porque no hay manera de conseguir ayudas del estado si no escribes caspa para tipos que tocan el violin.
Algun dia los "culturetas" se daran cuenta de que sus "pajas" mentales no interesn al publico? Que si a la gente le importa un bledo Stavysky y quien vende millones de disco en todo el planeta es Beyonce es por algo?

Saludos y oajala alguien en el gobierno te escuchara...