Hace unos meses nos dejó uno de los grandes genios de la danza del siglo XX. Bailarín y escritor , Béjart ha sido el coreógrafo más relevante de los últimos cincuenta años. Su estilo evolucionó desde unas primeras coreografías vanguardistas, de escorzos violentos y agitados, a unos últimos años en los que revisita las coreografías de los maestros del siglo XIX (especialmente Petipa) adaptándolas a los tiempos modernos.
Sus coreografías se caracterizan por una selección musical exquisita, la alternancia de música clásica con la música oriental y africana (se convirtió al Islam en 1973), la introducción de elementos narrativos en las obras y una fantasía inagotable.
Maurice Berger nació en Marsella en 1927 y comenzó a estudiar danza a los catorce años. El nombre artístico de Béjart, es un homenaje a Molière, ya que era el nombre de su esposa (Armande Béjart). Empezó a estudiar filosofía - su padre fue un filósofo de gran prestigio - pero lo abandonó pronto para dedicarse a bailar. Su primer gran trabajo tiene lugar en Suecia cuando el Ballet Culberg graba una coreografía suya para una película sobre Stravinsky.
En 1955, estrena su primera gran coreografía Sinfonía para un hombre solo donde ya se aprecian algunas de los temas que le obsesionarán a lo largo de su carrera: el ballet como medio de reflexión sobre la condición humana y su obsesión por la soledad.
Sus coreografías no tienen éxito en Francia, donde el ballet es historia y, cuando triunfa en 1959 con su célebre coreografía de La consagración de la Primavera en Bruselas, decide instalarse allí y fundar su Ballet del Siglo XX. En este periodo realiza sus coregrafías más controvertidas y más frescas: Bolero (1961) y El Pájaro de fuego (1970). En 1987 funda el Ballet Béjart de Laussana con el que trabajó hasta el final de sus días. Sus coreografías de esta última época alcanzan un nivel de obras maestras: el Cascanueces (1998), el Amor a la danza (2005) o Zaratustra, el espíritu de la danza (2007). En estas últimas coreografías, el elemento autobiográfico se entremezcla con absoluta perección con el devenir de la historia.
En 1970 funda la escuela de baile Mudra en Bruselas. Siete años más tarde en Dakkar y posteriormente en Laussane. Escribió además muchas páginas sobre la danza, destacando las Cartas a un joven bailarín.
Un ejemplo de sus primeras coreografías:
La Consagración de la Primavera (1959) - escena final
De sus últimas obras el Cascanueces (1998):
Esta escena tiene su historia. En el Cascanueces de Chaikovsky aparecen las danzas española, rusa, árabe... y Béjart decide introducir una danza francesa. Para ello llama a la acordeonista popular francesa más famosa de los años 50 (algo así como si en España se llamase a María Jesús para tocar el baile de los pajaritos).
Y el Pas de Deux final. Aquí Béjart decide dejar la versión de Petipa tal como él la coreografió como un homenaje a su maestro:

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada