martes 26 de febrero de 2008

Wagner, ¿difícil?


Ayer tuve el raro placer de conocer a los fundadores de la Sociedad Wagneriana Española. Cada vez que pienso en Wagner me viene a la cabeza aquella frase de la Sonata de Estío de Ramón María del Valle-Inclán: "En el mundo solo hay dos cosas que nunca supe comprender: el amor de los efebos y la música de ese teutón que llaman Wagner".


Si miramos con ojo crítico, la historia de la recepción de la música wagneriana, podemos observar que la época de oposición frontal a la música de Richard Wagner es una cuestión del pasado. A principios de siglo la gente, que se mataba y dejaba matar por cualquier cosa, se posicionaba a favor o en contra de la música del compositor alemán y hacía de ello una bandera. Por desgracia, dos sucesos vinieron a entorpecer el desarrollo de la música wagneriana:


El primero fue la manía de los wagnerianos de plantear el wagnerianismo como algo absoluto: o eres wagneriano o estás contra mí. Eso, al aficionado de a pie, que además de Wagner, también le gustaba la Quinta de Beethoven y el Réquiem alemán, le molestaba bastante y si era "todo o nada" optaba por renunciar al "Ocaso de los dioses".


Por otro lado, un señor bajito con bigote con el brazo estirado tomó la mala costumbre de escuchar Wagner a todas horas y convertirlo en símbolo del III Reich alemán. Esto supuso que cuando acabó la guerra, el parisino y el londinense, cuyas casas habían sido bombardeadas por los aviones alemanes de manera cruel y despiadada, cada vez que oían el nombre de Wagner, se persignaban como si hubiesen visto al mismo diablo. Y no es para menos... cuando Franco fue a pedirle ayuda a Hitler para que le dejase unos cuantos aviones para pasar sus tropas desde África a España para iniciar una pequeña revuelta, se cuenta que Hitler estaba viendo "Sigfrido" y que salió tan enardecido de la representación que al día siguiente estaban todos los aviones en África preparados para iniciar la guerra.


En cualquier caso y, eliminadas las barreras del pasado, lo cierto es que Wagner es uno de los grandes compositores de ópera de la historia. El lenguaje que en su tiempo era muy avanzado, hoy en día es realmente asumible. La diferencia entre una ópera de Verdi y una ópera de Wagner está solamente en la estructura musical. La ópera de Verdi sigue la línea tradicional que va desde el barroco. Esta línea consiste en una sucesión de números cerrados, es decir, un aria (con un principio y un final), una cavatina, una cavalleta, un dúo... y cada uno de estos números es, en cierto sentido, autónomo.


La revolución de Wagner es crear la Obra de Arte Total, una obra donde no existen números independientes sino que funciona como un gran todo. Donde cada pieza tiene sentido si se entiende como estructura global.


En este sentido, es más arduo escuchar una ópera de Wagner porque no hay un aria bella, ni se puede aplaudir hasta que car el telón. Sin embargo la concepción de las obras es maravillosa. Me gusta comparar las óperas de Wagner con las grandes obras realistas de finales del siglo XIX (Guerra y Paz, Los hermanos Karamazov, Germinal). Son obras difíciles y complicadas pero cuando llegas al final, uno se siente recompensado.


Obras para empezar a escuchar Wagner:


El Holandés Errante

Lohengrin

Tristán e Isolda


Obras algo más complejas:


Tannhauser

Los Maestros Cantores de Nüremberg


Obras complejas:


Parsifal

El Anillo de los Nibelungos (El Oro del Rhin, La Walkirya, Sigfrido, El Ocaso de los dioses)
Un poco de música: el comienzo de la Obertura de "Tannhauser" con Karajan dirigiendo: