martes 31 de marzo de 2009

Los injustamente olvidados

La cultura occidental tiene alma de cangrejo. Cuanto más evoluciona nuestra civilización, más miramos hacia atrás y dejamos de lado el presente como abuelos cebolletas de los siglos. ¿Cualquiera tiempo pasado fue mejor?

En música, el proceso es fascinante. No vamos a hablar de la revisión historicista de la interpretación de la música antigua (para los más curiosos: The interpretation of Music de T. Dart, 1954) porque requeriría demasiado espacio. Vamos a fijarnos tan solo en la recuperación e interpretación del patrimonio perdido y olvidado.

No es algo nuevo, la voluntad de recuperar obras del pasado musical. De sobra son conocidas las restauraciones de Mendelssohn (con obras de Bach) o de Berlioz (con obras de Glück). Con la popularización de los conciertos públicos y las primeras grabaciones continúa el proceso de descubrimiento de compositores como Mahler, Bruckner y Shostakovich.


Sin embargo, en los últimos años se ha exagerado y pervertido la voluntad de encontrar nuevos talentos. Se han recuperado multitud de compositores de segunda y tercera fila del clasicismo (especialmente del vienés), mucho compositor barroco desconocido y mucho músico exótico (como en el caso del turco Adnan Saygun o del sueco Kurt Atterberg, por citar dos casos). Es un hecho muy positivo recuperar y grabar ya que al fin y al cabo, es dejar huella en la historia. Lo que puede llegar a ser pernicioso es dar demasiado importancia a compositores que no la tienen sobre todo, cuando estamos dejando de lado sistemáticamente a los compositores actuales.

La historia nos regala el incalculable regalo que es la selección histórica. Escogemos lo mejor de cada tiempo y se lo ofrecemos a las siguientes generaciones. Ahora mismo hay muchas personas que infatigablemente trabajan escogiendo y seleccionando las obras que vamos a legar a nuestros sucesores.

Por supuesto, hay que contar con que, cada generación tiene una perspectiva subjetiva y hay pequeños ajustes que van de un periodo a otro (es decir, si los románticos no supieron apreciar en su magnitud el talento de Mahler, lo hicieron cien años después) pero en esencia, lo que queda para la historia debe permanecer en la historia.

Esta voluntad de exhumar cadáveres musicalmente fétidos, se debe a un deseo vanidoso de descubrir al próximo Mahler, Bruckner o Shostakovich. Yo me conformo con descubrir a Ligeti, Schnittke o Gorecki. Me consuela saber que ya en el siglo XIV tenían el mismo problema:

"Non curemos de saber

lo de aquel siglo pasado

que fue de ello.

Vengamos a lo de ayer

que también es olvidado

como aquello"