La interpretación musical encierra infinitas posibilidades. Tantas como intérpretes, tantas como espectadores. Sus límites son el espacio y el tiempo y el ámbito en que se desarrollan es el engañoso mundo de las siempre cambiantes percepciones.
Parece, por tanto, muy difícil establecer alguna teoría de la percepción musical y por tanto, nos vemos abocados al resbaladizo mundo del subjetivismo. Si esto es así, lo primero que tenemos que plantearnos es si tiene sentido la crítica musical. Frente a otras artes, en la interpretación musical, lo más difícil de definir es el objeto sobre el que emitimos el juicio. El objeto está en constante movimiento, el objeto es el movimiento puro frente a una crítica estática y que cree que está deteniendo el tiempo como aquel que se dedica a atrapar la lluvia.
La crítica musical debería detenerse un poco más en la fuente del sonido. En la partitura. Debería detenerse un poco más en la idea de formar, de estimular al público a escuchar. Interpretar la interpretación es una labor de policias del trabajo ajeno.
Parece, por tanto, muy difícil establecer alguna teoría de la percepción musical y por tanto, nos vemos abocados al resbaladizo mundo del subjetivismo. Si esto es así, lo primero que tenemos que plantearnos es si tiene sentido la crítica musical. Frente a otras artes, en la interpretación musical, lo más difícil de definir es el objeto sobre el que emitimos el juicio. El objeto está en constante movimiento, el objeto es el movimiento puro frente a una crítica estática y que cree que está deteniendo el tiempo como aquel que se dedica a atrapar la lluvia.
La crítica musical debería detenerse un poco más en la fuente del sonido. En la partitura. Debería detenerse un poco más en la idea de formar, de estimular al público a escuchar. Interpretar la interpretación es una labor de policias del trabajo ajeno.

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