A partir de las vanguardias, a principios de siglo XX, el Arte se polarizó radicalmente entre lo nuevo y lo viejo, entre lo moderno y lo antiguo. Si bien es cierto que esa dialéctica ha sido una constante en la historia del arte, no es menos cierto que en ese momento, se quebró cualquier posibilidad de síntesis entre los dos conceptos y se forjó una idea que a punto ha estado de llevarlo a su irremediable perdición: lo original y lo nuevo es bueno per se; lo antiguo, lo viejo debe desaparecer del arte.La consecuencia es fácil de apreciar: dodecafonismo, serialismo integral, deconstrucción, formalismo, música aleatoria y minimalismo se han ido sucediendo a ritmo vertiginoso mientras sus autores han ido cayendo, a la misma velocidad, en el saco del olvido.
Si preguntamos al público quiénes son los compositores más relevantes del siglo XX, nombres comunes serían: Rachmaninov, Stravinsky, Bartok, Prokofiev y Shostakovich. Tal vez los más alejados de toda vanguardia, tal vez los más entroncados con nuestro pasado músical. A pesar de que la voz del pueblo no hace tendencia, debemos recapacitar sobre esto a la hora de plantearnos el futuro: que la originalidad no es un valor (es una característica) y que, en el arte, se acaba imponiendo la calidad de la obra y no del estilo.
Toda esta introducción viene al caso por el estreno en el Teatro Real the "The Rake's Progress" de Stravinsky, una ópera escrita en inglés por un ruso emigrado en América que cita multitud de estilos desde Monteverdi hasta Wagner. A pesar del tutti frutti (parece una clase de historia de la música), el resultado es brillante y genial. El libreto es fantástico y la calidad musical insuperable. ¿Es esto menos valioso que los sudokus musicales de Anton von Webern?
The Rake's Progress supone la culminación del Neoclasicismo de Stravinsky. Terminada en 1951 y estrenada en La Fenice, supone la evolución casi postrera de un estilo al que el compositor ruso había dedicado más de 30 años de su vida. Si comparamos las primeras obras Neoclásicas de Stravinsky - entre las que podemos destacar Oedipus Rex y el Concierto para violín - su estilo ha evolucionado desde una imitación fiel (Pulcinella Suite) y una veneración filológica por el pasado (Oedipus Rex) a la búsqueda de un contraste absoluto.
The Rake's Progress supone una visión ya bien digerida del pasado musical y una reconversión en un lenguaje completamente nuevo. Toma una serie de características morfológica de cada periodo y lo estira y modifica a su gusto.
La ópera, basada en una serie de grabados de Hogarth (A Rake's Progress - en la imagen de arriba), está concebida en la forma como una ópera clásica (Gluck/Mozart) y en el estilo combina distintos números que van desde el barroco hasta el vodevil.

