domingo 18 de enero de 2009

Stravinsky: The Rake's Progress

A partir de las vanguardias, a principios de siglo XX, el Arte se polarizó radicalmente entre lo nuevo y lo viejo, entre lo moderno y lo antiguo. Si bien es cierto que esa dialéctica ha sido una constante en la historia del arte, no es menos cierto que en ese momento, se quebró cualquier posibilidad de síntesis entre los dos conceptos y se forjó una idea que a punto ha estado de llevarlo a su irremediable perdición: lo original y lo nuevo es bueno per se; lo antiguo, lo viejo debe desaparecer del arte.

La consecuencia es fácil de apreciar: dodecafonismo, serialismo integral, deconstrucción, formalismo, música aleatoria y minimalismo se han ido sucediendo a ritmo vertiginoso mientras sus autores han ido cayendo, a la misma velocidad, en el saco del olvido.

Si preguntamos al público quiénes son los compositores más relevantes del siglo XX, nombres comunes serían: Rachmaninov, Stravinsky, Bartok, Prokofiev y Shostakovich. Tal vez los más alejados de toda vanguardia, tal vez los más entroncados con nuestro pasado músical. A pesar de que la voz del pueblo no hace tendencia, debemos recapacitar sobre esto a la hora de plantearnos el futuro: que la originalidad no es un valor (es una característica) y que, en el arte, se acaba imponiendo la calidad de la obra y no del estilo.

Toda esta introducción viene al caso por el estreno en el Teatro Real the "The Rake's Progress" de Stravinsky, una ópera escrita en inglés por un ruso emigrado en América que cita multitud de estilos desde Monteverdi hasta Wagner. A pesar del tutti frutti (parece una clase de historia de la música), el resultado es brillante y genial. El libreto es fantástico y la calidad musical insuperable. ¿Es esto menos valioso que los sudokus musicales de Anton von Webern?

The Rake's Progress supone la culminación del Neoclasicismo de Stravinsky. Terminada en 1951 y estrenada en La Fenice, supone la evolución casi postrera de un estilo al que el compositor ruso había dedicado más de 30 años de su vida. Si comparamos las primeras obras Neoclásicas de Stravinsky - entre las que podemos destacar Oedipus Rex y el Concierto para violín - su estilo ha evolucionado desde una imitación fiel (Pulcinella Suite) y una veneración filológica por el pasado (Oedipus Rex) a la búsqueda de un contraste absoluto.
The Rake's Progress supone una visión ya bien digerida del pasado musical y una reconversión en un lenguaje completamente nuevo. Toma una serie de características morfológica de cada periodo y lo estira y modifica a su gusto.
La ópera, basada en una serie de grabados de Hogarth (A Rake's Progress - en la imagen de arriba), está concebida en la forma como una ópera clásica (Gluck/Mozart) y en el estilo combina distintos números que van desde el barroco hasta el vodevil.


miércoles 14 de enero de 2009

Apreciar la Música (VIII)

En la última sesión, hablamos de la manera cómo se estructuran los recitales de solistas o de pequeños conjuntos de cámara. Hoy vamos a hablar de los solistas y directores que son invitados a una orquesta.

Lo primero que hay que tener claro es que una orquesta es una gran empresa, casi siempre, de capital público. Como toda empresa tiene una estructura determinada que se divide en dos niveles: administrativo y artístico. En el plano administrativo destacamos cuatro figuras:

1) el gerente (que gestiona la marcha de la orquesta)
2) el director artístico (que gestiona los artistas que vienen a la orquesta así como la plantilla estable)
3) el coordinador (que gestiona el día a día de cada concierto)
4) el archivero (que gestiona el material musical)

En el plano artístico, tenemos la plantilla orquestal que suele ser de en torno a 80 músicos y que, a veces necesita contratar refuerzos para determinadas obras con una plantilla orquestal más grande (puede llegar hasta 110 músicos). Aparte tendrá un director que puede ser el director titular o puede ser un director invitado. Algunas obras requieren, además, del concurso de un solista.

Así pues, cada vez que una orquesta necesita un director de orquesta o un solista, acude a una agencia de músicos y lo contrata. Entonces, empieza el mismo proceso que veíamos en la clase anterior: se discute el programa y los honorarios. Una vez que las condiciones están claras, antes del concierto, se establece con el coordinador de la orquesta los ensayos con la orquesta. Un director normalmente dispondrá de 4-5 ensayos de unas 3 horas cada uno. Un solista, suele llegar un día antes del concierto y suele disponer de 1 ensayo además del ensayo general. Hay que tener en cuenta que todos los que están implicados en los ensayos (director, solista y orquesta) conocen perfectamente todas las obras antes del primer ensayo y éstos sirven para poner todo en común y discutir las interpretaciones.

En la próxima sesión, hablaremos de las orquestas en gira.

Aquí tenéis al gran Leonard Bernstein ensayando la "Consagración de la Primavera" de Stravinsky con una joven orquesta:


lunes 12 de enero de 2009

Jane Austen: Orgullo y Prejuicio

Sorprendente; más por los prejuicios que por otra cosa. No sé de dónde nació la idea en mi consciencia de Jane Austen como una escritora de folletines amorosos para señoritas melancólicas. El caso es que uno debe corregirse y enmendarse (por cierto, ¿de dónde viene ese gusto de Austen por los dos sustantivos coordinados?) y reconocer las virtudes de la escritora inglesa.

Orgullo y prejuicio es una novela muy conseguida desde el punto de vista de la psicología. La galería de retratos (y caricaturas) que exhibe es digna del mejor trabajo de Hobarth o de Daumier. Austen, muy avanzada para su tiempo, desgrana las contradicciones del sentimiento y la eterna lucha entre la razón y la pasión; sin embargo, lo más sorprendente, es cómo evolucionan los personajes a lo largo de la novela. Los personajes avanzan inexorablemente en constante lucha consigo mismos. Sorprendente. Me quito el cráneo.

jueves 8 de enero de 2009

Sofía Gubaidulina: Carta blanca en Madrid

Hablar de Sofía Gubaidulina, es hablar de una de las compositoras más influyentes hoy en día. Alumna predilecta de Shostakovich, siempre se caracterizó por su rechazo a las estrictas normas del realismo socialista y su espíritu inquieto le llevó a buscar sus fuentes en los movimientos vanguardistas de los años 70.

Sin embargo, a pesar de su incesante búsqueda de nuevos medios de expresión, Sofia Gubaidulina es considerada como una compositora más bien conservadora. Su lenguaje tiene ciertos giros tonales y la forma musical de sus obras se basa muchas veces en analogías y repeticiones de determinados motivos.

Gubaidulina se sitúa en la tendencia musical espiritualista-religiosa. A lo largo del siglo XX, la música religiosa ha vivido una Edad de Plata, en la que compositores de primera línea han adaptado las vanguardias a la música litúrgica. En esta línea destacan Poulenc, Messiaen, Penderecki, Gorecki y Gubaidulina.

El Concierto para flauta que se va a interpretar este fin de semana en Madrid es una de las obras más significativas de su producción en estos últimos años. Compuesta en 2005 para la flautista Sharon Bezaly (que lo interpreta precisamente con la Orquesta Nacional) está dedicada a la memoria de su hija que había fallecido poco antes. El título de la obra "The deceitful Face of Hope and Despair" (el rostro engreído de la Esperanza y la Desesperación) alude al poema de T.S. Elliott "Ash Wednesday" pero nos lleva al ámbito de la pena, la desolación y las esperanzas incumplidas. La obra tiene tres secciones bien diferenciadas: un primer momento lento que comienza con el diálogo del timbal y el viento metal para luego jugar con los registros extremos en toda la orquesta, una segunda parte que viene a ser un puente para la tercera sección final que comienza con fuegos de artificio (una parte verdaderamente brillante) y concluye con el solo de timbal con que abre la obra.

Existe una magnífica biografía en la wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Sofia_Gubaidulina

lunes 5 de enero de 2009

Una Canción para el fin del mundo

Uno de los pensamientos más repetidos a lo largo de los últimos dos o tres milenios es la idea del fin de los tiempos. El primer Best-seller que plantea este concepto es el Apocalipsis de San Juan. Rico en símbolos y metáforas, enfrenta el mundo finito con el infinito y presenta la idea de un Juicio Final al que todos seremos sometidos.

El Apocalipsis tuvo una difusión increible a lo largo de la Edad Media. En una época en crisis en donde se está derrumbando todos los pilares de la civilización greco-romana, las alusiones al fin del mundo son constantes. Sin embargo, el punto álgido se produce con el fenómeno del milenarismo: según una interpratción del Apocalipsis el mundo se habría de acabar después de 1000 años con la nueva venida de Jesucristo. Esta idea, produjo una tormenta difícilmente descriptible en la sociedad europea en torno al año 1000 - especialmente tras el paso de un cometa en el año 989. Se crearon movimientos como "La paz de Dios" que ejercían penitencia pública y sucedió una ola de fervor religioso como nunca había habido antes. Sin embargo, el mundo no se acabó.

Más adelante, volvió a surgir la misma idea en el siglo XIV tras la ola de Peste Negra que asoló Europa y diezmó severamente la población.

La siguente gran referencia aparece en las profecias de Nostradamus (1503-1566) que para muchos había situado el fin de los tiempos en 1999. William Miller situó, tras un profuso estudio de la Biblia, el fin del mundo en 1843 y, tras pasar ese año, sin pena ni gloria, en 1844. Las últimas grandes profecias del Fin del Mundo sobrevinieron con el Año 2000 donde se reengancharon algunos milenaristas que pensaban que el Apocalipsis no hacía referencia al primero sino al segundo milenio.

Más preocupantes han sido una serie de obras del pensamiento que analizan el fin del mundo desde una perspectiva científica y positivista. El primer gran estudio al respecto es la obra de Malthus (1766-1834) "Ensayo sobre el Principio de la Población" de 1798 en el que plantea que la población crece en progresión geométrica mientras que los recursos se generan en progresión aritmética de manera que, si nada la remediase, el mundo acabaría desapareciendo en breve(catástrofe malthusiana).

Más adelante, Oswald Spengler escribió su monumental "La decadencia de Occidente" (1923)preconizando el fin de la cultura occidental. En los últimos tiempos, las teorías científicas acerca del calentamiento global auguran un futuro complejo para el planeta azul.

En el arte y la cultura, la idea del fin del mundo, ha sido desde temprano una constante. La iconografía medieval acerca del Apocalipsis es inabarcable. Los pintores renacientistas representaron en numerosas ocasiones el Juicio Final (por ejemplo, "El cordero místico" de Van Eyck o "El jardín de las delicias" del Bosco).
En la literatura de ciencia ficción, también es una idea que se repite con bastante frecuencia.
En la música, no hay muchos ejemplos, pero destaca con luz propia el "Cuarteto para el Fin de los Tiempos" de Messiaen escrito en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial: