martes 14 de abril de 2009

Arensky: Cuarteto nº 2


Una de las obras que más me ha impresionado en los últimos tiempos es el Cuarteto nº 2 op.35 de Anton Arensky. La obra está escrita para una formación curiosa (violín, viola y 2 violonchelos) y tal vez sea por eso que rara vez se escucha en las salas de conciertos.

Anton Arensky (1861-1906) fue alumno de Rimski-Korsakov y ferviente admirador de Chaikovsky. Murió bastante joven de tuberculosis y fue famoso por sus excesos con la bebida y en el juego. No desarrolló nunca un estilo propio y siempre vivió a la sombra de sus dos mentores hasta el punto que Rimski-Korsakov llegó a decir tras su muerte "será rápidamente olvidado".

En efecto, su música a resistido a duras penas el embate de los días. Sin embargo, este Cuarteto merece un lugar destacado dentro de su obra. Fue compuesto poco después de la muerte de Chaikovsky como homenaje póstumo a su maestro. El Segundo movimiento ("Variaciones sobre un tema de Chaikovsky") ha conocido varias versiones orquestales y mucha popularidad. Basada en una canción infantil del op.54 de Chaikovsky, desarrolla de manera magistral una serie de variaciones con virtuosismo y elegancia.

El primer movimiento está basado en un salmo de la Iglesia Ortodoxa. De factura simple y sobria, contrasta con el resto de la obra y a su vez supone un punto de referencia en el que se ancla la obra. De hecho, el movimiento final (virtuoso, espectacular) termina volviendo a la sencillez del salmo y dota a la obra de una profundidad que sorprende y aturde al espectador.

Hay una tradición con este cuarteto y es que el violonchelista invitado (los cuartetos solo tienen un violonchelista) ocupa siempre el humilde puesto del segundo violonchelo. Este puesto lo han ocupado Rostropovich o Yo-Yo Ma.

Grabaciones recomendadas:

The Raphael Ensemble. Hyperion.1993
Treasures of the Russian Chamber Music. Varios instrumentistas. Brilliant. 2008

domingo 12 de abril de 2009

De los charlatanes

El que habla el último habla mejor; pero el que nunca habla corre el riesgo de convertirse en el eterno incomprendido. Calla; calla y escucha; y que, cuando tengas que hablar, tu palabra sea como una flecha. Que pueda crear y destruir, pero sobre todo... transformar.