martes 26 de mayo de 2009

Didio Juliano

Didio Juliano (137-193) es uno de los emperadores más fascinantes del Imperio Romano. Gobernador y gran militar durante los gobiernos de Marco Aurelio, Comodo y Pertinax, labró una inmensa fortuna y obtuvo el reconocimiento general por sus campañas al frente del ejército.

Su antecesor, Pertinax fue un emperador justo y virtuoso pero débil. El ejército y, especialmente, la guardia pretoriana añoraban el gobierno de Comodo en el que todo se les permitía y su poder era casi absoluto. Pertinax significaba el retorno al gobierno civil y la usurpación de los derechos adquiridos por el ejército.

Los pretorianos se amotinaron y mataron al buen emperador contraviniendo todo lo divino y lo humano. Clavaron su cabeza en una estaca y, no contentos con su atrocidad, pusieron el imperio a la venta. Tito Flavio Sulpiciano ofrecía a los soldados un elevado soborno para acceder al solio imperial y, como los pretorianos considerasen la cantidad insufiente, quedaron amotinados a la espera de una oferta mejor.

Didio Juliano estaba comiendo en su casa cuando se enteró de la muerte del emperador. Movido por los halagos de los aduladores y los consejos interesados de muchos senadores, acudió al campamento pretoriano ofreciendo a los pretorianos 25.000 sestercios por soldado, cantidad suficiente para comprar un imperio. Sin embargo, nada más acceder al trono se dio cuenta de que había pagado un elevado precio por su propio asesinato. Puesto que, ¿acaso las legiones iban a dejar impune el asesinato de un emperador justo y permitir la subasta pública del cetro?¿acaso los ciudadanos se iban a quedar de brazon cruzados frente a la atrocidad impune de la guardia pretoriana?

Es importante constatar que, a final del Siglo II, había una lucha interna de facciones por el poder en Roma y que, la vertiginosa sucesión de emperadores, era el reflejo de esa tensión. Representando los poderes civiles, vivían enfrentados los ciudadanos y el senado, en lo que venía a ser un pálido reflejo de las discordias entre patricios y plebeyos durante la República. Al otro lado, vivían enfrentados los ejércitos regulares - poderosos pero instalados en las lejanas fronteras - y la guardia pretoriana - menos numerosos y aguerridos pero acantanados en las afueras de la Ciudad.

Como era de esperar, Septimio Severo se puso en marcha con las tropas de Panonia (Hungría) y en pocas semanas estaba a las puertas de Roma. Didio Juliano intentaba evitar o por lo menos postergar su exterminio. Todos los pasos del emperador hacen manifiesto su miedo: insite en que el Senado declare enemigo público a Severo y a la vez le ruega a éste que se asocie con él al Imperio; le envía negociadores y a la vez asesinos; propone que el colegio sacerdotal salga al encuentro de las tropas y a la vez recurre a magos y nigomantes siriacos.

Ajeno a los últimos estertores de Juliano, Severo llegó a Roma y sin derramamiento de sangre - pues toda la Ciudad clamaba venganza contra los excesos de los pretorianos - se proclamó emperador. Juliano fue degollado en los baños como un vugar reo. Según refiere Dion Casio, sus últimas palabras fueron:

"Pero ¿qué he hecho mal?¿A quién he matado?"


El gobierno de Juliano duró 66 días y sirvió de ejemplo para los futuros emperadores romanos de que el Imperio se podía comprar pero no el respeto de los ciudadanos.

lunes 25 de mayo de 2009

"Adiós a las armas" de Ernest Hemingway

Hemingway siempre me deja perplejo. Cada vez que empiezo a leer alguna de sus novelas tengo la sensación de que estoy ante un escritor vulgar. Cada vez que las termino debo reconocer que estoy ante un genio.

Los argumentos de sus novelas son sencillo y rozan casi lo pueril. La trama se sucede con sencillez y apenas sucede nada extraordinario. Los personajes son gente vulgar y tienen incluso un punto de "gente despreciable". Sus motivaciones son banales y detrás de cada protagonista parece esbozarse de manera torpe e indelicada un alter ego del autor. Los diálogos son rápidos y prolijos, tal vez excesivos...

"Adios a las armas" es un buen ejemplo de todo lo anterior. La novela cuenta las peripecias de un teniente americano en la Primera Guerra Mundial (Hemingway fue voluntario de ambulancias) hasta su deserción y huida de Italia. En toda la novela no aparece ni una sola reflexión seria, y sin embargo, a través de las acciones de los personajes se refleja el sentimiento de la soldadesca hacia la guerra, el temor, el miedo y la falta de información acerca de lo que ocurre. Sin necesidad de recurrir a ningún recurso todos los sentimentos humanos aparecen reflejados en cada uno de los personajes.

"Adios a las armas" es un retrato genial de una época vista desde múltiples ángulos. Jamás leeré nada que refleje tantas sensaciones baja una apariencia sencilla, casi banal.

martes 19 de mayo de 2009

Crítica y Estética de la percepción

La interpretación musical encierra infinitas posibilidades. Tantas como intérpretes, tantas como espectadores. Sus límites son el espacio y el tiempo y el ámbito en que se desarrollan es el engañoso mundo de las siempre cambiantes percepciones.

Parece, por tanto, muy difícil establecer alguna teoría de la percepción musical y por tanto, nos vemos abocados al resbaladizo mundo del subjetivismo. Si esto es así, lo primero que tenemos que plantearnos es si tiene sentido la crítica musical. Frente a otras artes, en la interpretación musical, lo más difícil de definir es el objeto sobre el que emitimos el juicio. El objeto está en constante movimiento, el objeto es el movimiento puro frente a una crítica estática y que cree que está deteniendo el tiempo como aquel que se dedica a atrapar la lluvia.

La crítica musical debería detenerse un poco más en la fuente del sonido. En la partitura. Debería detenerse un poco más en la idea de formar, de estimular al público a escuchar. Interpretar la interpretación es una labor de policias del trabajo ajeno.