
Desde la eternidad existe un precipicio hostil que separa el corazón del que siente de las indagaciones del que explora; el corazón es una entidad divina, independiente y cerrada, que no puede abrirse ni analizarse mediante la razón (...) Cualquier obra artística no puede asimilarse ni entenderse plenamente más que con un sentimiento similar a aquel otro que la vio nacer; de este modo el sentimiento no puede captarse ni comprenderse sino con la ayuda del sentimiento.
Wilhelm Heinrich Wackenroder (1773-1798) filósofo y crítico del Sturm und Drang alemán tuvo una vida demasiado breve para formular un sistema estético sólido. Sin embargo, sus aforismos breves, fueron recopilados por Tieck y constituyen el testimonio más incisivo y mordaz dentro de la estética musical romántica.
Wackenroder considera que la música constituye la más importante dentro las artes porque no tiene un referente material sino que es la expresión misma del sentimiento. En tanto en cuanto, se refiere a lo sensible, está más cerca de lo ideal y de lo absoluto. En este sentido, rechaza cualquier injerencia del intelecto ya que rebaja la música a su plano más humano y terrenal.
Muchas veces, uno se plantea cuál es la función de la crítica musical. Si es necesario el bisturí intelectual para disfrutar la música, ese placer tiene que ser necesariamente limitado. El mayor placer para un aficionado a la música debería ser dejarse penetrar por los sonidos sumido en una total ignorancia. Las palabras de un crítico tienen la función de ofrecer luz en un mundo de sombras, de establecer vínculos en un espacio de uso exclusivo para la belleza.
Muchas veces, uno se plantea si no es mejor dejar fluir la música; no mezclarse en el ámbito de lo divino y ensuciar con nuestras torpes manos de artesano los frutos de lo inefable.
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