miércoles 28 de julio de 2010

Jon Gutiérrez Dorronsoro: Darwinismo tecnológico

Darwinismo tecnológico


Si tienes un televisor con pantalla plana y tubo trinitron, leí en una revista, es que has triunfado en la vida. Tras adquirir el producto, me di cuenta de que había leído un número atrasado. Además me enteré de que Fernández disfrutaba desde hacía meses de una tele digital con pantalla LCD y formato supercinemascope. Enseguida compré algo mejor, antes de que el resto del bloque pensase -equivocadamente- que el Vicepresidente de la Comunidad de Vecinos era menos que el secretario. La verdad es que el bicho estaba bien, pero no era el último grito. La felicidad se llamaba “hipervisor de imagen protoplasmática y ultradefinición bicúbica con desfase de señal trianalógica”. Lo compré sin esperar a las rebajas.

Por aquello de guardar la simetría, puse enfrente un sofá ergonómico de agua. Los había de agua corriente, más baratos, pero yo encargué expresamente que unieran millares de moléculas -cada una de ellas con dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno- para rellenar mi sofá. Porque yo lo valgo.

Sólo me faltaba el mando a distancia. Había heredado uno con display y teletexto, pero un amigo se rió al comprobar que carecía de funciones integradas para reproducción DVD. Con ánimo de impresionarle, encargué un mando con sensor térmico y acústico de duodécima generación, gestión inteligente de mis electrodomésticos -nevera, lavadora, microondas, tostador, lavavajillas...-, un androide subencefálico de regalo y una bola giroscópica de control de posicionamiento TOTAL. Entonces surgió un imprevisto.

Justo antes de estrenar el equipo, sufrí una mutación. Nada grave. Pero a ver quién es el guapo que cambia de canal con una pezuña.

Jon Gutiérrez Dorronsoro