La semana pasada asistía al homenaje a Antonio Moral en el Hotel Villa Real y, entre discurso y discurso, intentaba valorar qué va a suponer la marcha de los antiguos gestores y la llegada de los nuevos inquilinos del teatro.
El Teatro Real va a notar bastante la salida del tándem Moral-López Cobos puesto que su labor ha supuesto un gran periodo de estabilidad para la institución. Desde el lado de la gestión, Antonio Moral ha desarrollado multitud de proyectos para atraer al público joven (ópera para niños, programa joven, entradas de última hora) y para dinamizar la programación (ha conseguido alternar dos títulos al mismo tiempo). Ha sabido alternar la música contemporánea con el repertorio más popular aunque algunos le han acusado de abusar un poco de la música barroca.
Por último, considero que el punto fuerte de su gestión ha sido el equilibrio en los repartos. En el Teatro Real nos habíamos acostumbrado de un tiempo a esta parte a tener grandes estrellas al lado de cantantes mediocres. El presupuesto se gastaba en producciones esplendorosas y estelarmente caras que se llevaban casi todo el presupuesto. Antonio Moral ha conseguido traer voces de un nivel soberbio pero sin invertir cifras astronómicas.
Gerard Mortier viene con el bagaje de haber dirigido con éxito el Teatro de la Moneda y de haber sobrevivido al Festival de Salzburgo y la Ópera de París. Esta temporada iba a haber empezado a trabajar en el Metropolitan y, tras una dura polémica, ambas partes rescindieron el contrato y Mortier firmó por el Teatro Real. ¿Qué pasó con Nueva York? Parece ser que no estaban dispuestos a gastar todo lo que Mortier necesitaba para llevar el teatro, ¿acaso el Teatro Real está dispuesto a sufragarlos?
El Teatro Real tiene un presupuesto para 2010 de 54.114.396 € de los que la financiación pública cubre el 46%. En una época de recortes presupuestarios es peligroso fichar a una superestrella que va a exigir grandes esfuerzos económicos adicionales. Si Mortier consigue elaborar una temporada interesante con el presupuesto que maneja el Teatro Real habrá sido un cambio positivo; si su llegada significa la vuelta al gasto indiscriminado e incontrolado consideraré que los políticos se han equivocado: que necesitaban a Mortier en una época de bonanza económica y a un Antonio Moral en los momentos difíciles.


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