jueves 30 de septiembre de 2010

Música clásica y cine (II): Compositores soviéticos

A pesar de que el cine soviético no ha gozado de tanta popularidad como las otras artes, contó en sus películas con la participación de los compositores más relevantes de su tiempo y si, muchas de las películas duermen en el limbo de los justos, las bandas sonoras han sobrevivido en forma de suites o se han reconvertido en forma de melodías populares. Ya hablamos de la fama que gozó la melodía "En la fría mañana" de Shostakovich de la película "El contraproyecto"* (la canción a partir de 4'17"):



Dentro de la idiosincracia soviética, la música para el cine reunía todos los condicionantes de un comportamiento "ortodoxo": el compositor quedaba subordinado a una estructura mayor, era una herramienta estupenda para la propaganda de la ideología comunista y exigía un lenguaje sencillo y al alcance del pueblo. Es por esto que los compositores más cuestionados por el régimen fueran los que más se afanasen en escribir música para el cine. Además, el trabajo en la industria del cine era uno de los mejores pagados dentro de la estructura económica soviética y permitió a los músicos gozar de unos ciertos privilegios: tanto Shostakovich como Schnittke se compraron sus primeras casas en el centro de Moscú gracias al cine.

Por otro lado, la música para películas les servía de laboratorio para otros proyectos y muchas de las melodías eran reutilizadas más adelante en otras obras:

Alfred Schittke: Agonía, 1974 - Tango




Alfred Schnittke: Concierto Grosso nº 1 (1977) - a partir de 2' 30"





La música para estas obras estaba inspirada habitualmente en música floklórica o en cantos revolucionarios. Del mismo modo, estas melodías populares se vuelven a utilizar en su música sinfónica convirtiéndose en uno de los elementos más característicos de la música soviética en el siglo XX.

Dmitry Shostakovich (1906-1975)


Shostakovich comenzó a trabajar como pianista de un cine mudo y, según cuenta la leyenda, le echaron porque se reía tanto con las películas que muchas veces se olvidaba de tocar. Compuso 36 bandas sonoras de películas. Su director fectiche fue Konzitsev ya que escribió la música de todas sus películas con excepción de una. Shostakovich escribía una música sencilla y poco elaborada en sus películas. Consideraba que la música en el cine no debía acompañar la acción sino encumbrarla y darle una nueva dimensión. Es por eso que, muchas veces su música contrasta con la imagen.


De sus películas destacan, la música para la "Nueva Babilonia" (1929), "El contraproyecto" (1932), "El inolvidable año de 1919" (1952), "El tábano" (1955), "Hamlet"(1963) y "El Rey Lear" (1971).

La romanza de "El tábano" (1955) se hizo muy popular en Inglaterra al convertirse en la sintonía de la serie "Reilly, as de espías":




La melodía final de la película "Pirogov" (1947) fue la música que se escogió en la inauguración de los Juegos Olímpicos de 2004 en Atenas cuando se encendió la pira Olímpica:





Serguei Prokofiev (1891-1953)


A pesar de haber escrito solamente seis bandas sonoras, son las más populares, sobre todo por su asociación con el gran genio ruso del cine Sergei Eisenstein para el que escribió las bandas sonoras de "Alexander Nevski" (1938) e "Iván el Terrible" (1944) . Además escribió la música de "El teniente Kijé" (1933), cuya suite se toca habitualmente en las salas de conicertos, y la de dos películas que han pasado sin pena ni gloria: "Lermontov" (1941) y "Kotovski" (1942).

Frente a la música de Shostakovich o de Schnittke, la escritura para el cine de Prokofiev es mucho más elaborada y profunda. Es por esto que sus bandas sonoras han sobrevivido muy bien al paso del tiempo como suites de concierto.

Aram Kachaturian (1903-1978)


Kachaturian escribió dieciocho bandas sonoras de películas, ninguna de las cuales ha sobrevivido dentro del repertorio. Sin embargo, su célebre "Danza del sable" de su ballet "Gayaneh" protagoniza una de las escenas más célebres de la historia del cine en la película "Un, dos, tres" de Billy Wilder:




Alfred Schnittke (1934-1998)


Schnittke dedicó gran parte de su carrera musical a la composición de bandas sonoras. Por desgracia las películas para las que escribió su música no han tenido relevancia. La estética musical de Schnittke se adaptaba muy bien a las bandas sonoras ya que tiene una capacidad proverbial para adaptarse a diferentes estilos y a diferentes maneras de hacer música. Un ejemplo proverbial es la banda sonora de "Historia de un actor desconocido" (1976) cuyo motivo recurrente está tomado casi literalmente del tema principal del segundo movimiento del Concierto para piano nº 2 de Rachmaninov:



*http://www.cuadernosdemusicayliteratura.com/2010/09/shostakovich-caos-en-vez-de-musica.html


Entradas relacionadas: http://www.cuadernosdemusicayliteratura.com/2008/01/msica-clsica-y-cine.html, Shostakovich: caos en vez de música, Shostakovich: caos en vez de música (texto), Alfred Schnittke

lunes 27 de septiembre de 2010

Homenaje, plagio o casualidad (II)

Uno de los homenajes más curiosos y menos elaborados en la música clásica es el famoso "Ave María" de Charles Gounod (1818-1893) subtitulado de sutil manera "Meditación sobre el Preludio nº 1 de J. S. Bach". Esta obra se ha convertido en un hit en las bodas.

Para esta obra, Gounod utilizó el Preludio nº 1 del Libro 1 del "Clave bien temperado" de Bach como acompañamiento de una melodía original suya. Lo más interesante es que replica exactamente el Preludio (eso sí, en la versión del manuscrito Schwenke que tiene un compás más que la conservada en el resto de las versiones) y creo que es la única obra dentro de la historia de la música en la que se superpone una melodía sobre una obra anterior.

J.S. Bach: El Clave bien temperado. Libro I, Preludio nº 1




Charles Gounod: Ave María (meditación sobre el Preludio nº 1 de J.S. Bach). Merece la pena la explicación de Bobby Mcferrin...



Por si a alguien se le han revuelto las tripas, aquí va uno de los grandes:







Enlaces relacionados: Homenaje, plagio o casualidad (I)

miércoles 22 de septiembre de 2010

Edith Warthon: La edad de la inocencia


Leída a vuela pluma, La edad de la inocencia se parece a tantas otras novelas victorianas inglesas y americanas de finales del siglo XIX: hermosos decorados, familias notables, grandes fiestas, amores posibles e imposibles y mucho sentimiento de la tragedia; los personajes nacen, crecen, aman y mueren con mucho glamour y estilo; sus dilemas - terribles y aciagos - vistos de cerca se parecen a los problemas de una serie americana de estudiantes adolescentes. Y sin embargo, esta novela tiene algo diferente.

La idea de Wharton es simplemente genial: escribir en 1920, una novela que transcurre en 1870, en un estilo y un lenguaje de 1870. ¿Por qué retroceder a un estilo que estaba desfasado?¿Por qué volver a una época en la que no conocían los coches, los aviones y apenas se empezaba a utilizar la electricidad y el teléfono?

Empecemos por el principio. Wharton comienza a escribir esta novela en Francia en 1918 cuando acaba de terminar la Primera Guerra Mundial. La sensación de quiebra moral, de desasosiego, de incomprensión ante la carnicería de Verdún y de tantas muertes inútiles lleva a una profunda reflexión sobre los planteamientos básicos de la existencia. Thomas Mann está escribiendo en estos momentos La montaña mágica (1924) y Herman Hesse Siddartha (1922). La respuesta de Edith Warthon es echar la vista hacia atrás y escribir una novela del siglo XIX, con personajes del siglo XIX y un lenguaje del siglo XIX. Sin embargo, le delata ese profundo sentimiento de melancolía que atraviesa toda la novela.

La verdadera profundidad de esta obra está en lo que no se dice. Está en todo aquello que desea el protagonista y en todo aquello a lo que renuncia por conservar lo que tiene. En la década de 1870, la autora vivió su adolescencia. Desde la atalaya de la madurez y con el mundo entregado a la locura, Warthon se abandona a la nostalgia.

El personaje principal, Newland (Nuevo Mundo) conoce a la Condesa Olenska el día que anuncia su compromiso matrimonial con May. En seguida se crea una tensión de antagonismos entre Newland y la Condesa Olenska. Él representa el espíritu tradicional americano, ella el europeo. Él es el guardián de la tradición, ella - por sus circunstancias - es liberal. Y en medio está el deseo, el juego de lo prohibido: la lucha entre las convenciones sociales y el maldito deseo.

La novela tiene muchos guiños de novela decimonónica. La idea del adulterio, los escenarios y sobre todo, esa escena en la que Newland va en busca de la Condesa Olenska al muelle y ella está de espaldas. Él piensa: "Si se da la vuelta antes de que el barco se esconda tras la roca, iré en su busca", ¿no es acaso, un homenaje a la escena de "Guerra y Paz" en la que Andrei Bolkonsky piensa cuando ve bailar a Natasha "si se da la vuelta y me sonríe antes de que acaba el baile, me casaré con ella"?

Sin embargo, el adulterio no llega a ser más que un deseo frustrado y la condesa Olenska - aunque intuye que Newland está detrás - nunca se da la vuelta. La escena final es una pequeña obra maestra y refuerza esa sensación de nostalgia y de anhelo insatisfecho - pero eso queda para el que lea la novela.
Una crítica muy interesante para el que desee ampliar información:


http://reginairae.blogcindario.com/2005/02/00084-la-edad-de-la-inocencia-de-edith-wharton.html

lunes 20 de septiembre de 2010

Shostakovich: Caos en vez de música (texto)

Nota: Para el contexto histórico de este artículo consulte la entrada anterior:
La traducción es propia y el texto procede del texto inglés de Viktor Seroff.

CAOS EN VEZ DE MÚSICA
Pravda, 29 de enero de 1936

Con el desarrollo general de la cultura en nuestro país ha crecido también la necesidad de buena música. En ningún otro país y en ninguna otra época un compositor se ha encontrado con una audiencia tan agradecida. El pueblo espera buenas canciones, pero también buenas obras sinfónicas y buenas óperas.

Cierto teatros han ofrecido al nuevo público soviético – culturalmente maduro – la ópera de Shostakovich Lady Macbeth como una obra novedosa y lograda. La crítica musical, siempre presta a servir, ha elevado la ópera a los altares, y le ha ayudado a obtener un éxito rotundo. El joven compositor, en vez de escuchar críticas serias, que le podrían ayudar en futuras obras, solo escucha cumplidos entusiastas.

Desde el primer instante, el oyente queda impactado por la disonancia deliberada, por la confusa corriente de sonidos. Fragmentos melódicos, comienzos de frases musicales, se ahogan, emergen de nuevo, y desaparecen en rechinantes y chirriantes rugidos. Seguir esta ”música” es de lo más difícil; recordarla, imposible.

Así continúa, prácticamente a la largo de toda la ópera. El canto en escena es sustituido por alaridos. Si el compositor acierta la senda de una melodía clara y simple, en seguida se lanza de nuevo a la jungla del caos musical – en algunos lugares conviertiéndose en pura cacofonía. La expresividad que el público está esperando es suplantada por ritmos salvajes. La Pasión se expresa a través del puro ruido. Todo esto no se debe a la falta de talento, o a la falta de habilidad de describir emociones fuertes y sencillas a través de la música. Aquí nos encontramos con música dada completamente la vuelta para que nada pueda recordarnos a la ópera clásica, o que no tenga nada en común con la música sinfónica o con el lenguaje musical sencillo y popular accesible a todos. Esta música está construida sobre la base del rechazo a la ópera – la misma base por la que los artistas “de izquierdas” rechazan en el teatro la simplicidad, realismo, claridad de imagen, y la palabra natural – que conlleva en el teatro y en la música las características más negativas del “Meyerholdismo” elevado al infinito. Aquí encontramos confusión “de izquierdas” en vez de música natural y humana. El poder de la buena música de contagiar a las masas se ha sacrificado por un intento “formalista” de pequeño burgués de crear originalidad a través de payasadas baratas. Es un juego de inteligente ingenuidad que puede acabar muy mal.

El peligro de esta corriente para la música Soviética es claro. La distorsión de izquierdas en la ópera procede de la misma fuente que la distorsión de izquierdas en pintura, poesía, educación y ciencia. “Innovaciones” pequeñoburguesas llevan a una ruptura con el arte real, la ciencia real y la literatura real.

El compositor de Lady Macbeth se ve forzado a tomar prestado del jazz su música nerviosa, convulsiva y espasmódica para dotar de “pasión” a sus personajes. Mientras nuestros críticso, incluyendo a los críticos musicales, tiene fe ciega en el realismo socialista, el escenario nos ofrece, en la obra de Shostakovich, el más tosco de los naturalismos. Nos presenta a los mercaderes y al pueblo monótonos y bestiales. L adepredadora mujer del mercader que trepa hacia el bienestar a través del crimen es presentada como una “víctima” de la sociedad burguesa. La historia de Leskov adquiere aquí un significado que no tiene en la novela.

Y todo esto es tosco, primitivo y vulgar. La música se agita, gruñe y ruge y y se ahoga a para expresar las escenas amorosas lo más naturalmente posible. Y el “amor” se pervierte a lo largo de la ópera de la manera más vulgar. La cama del mercader ocupa el centro de la escena. En esta cama todos los “problemas” se resuelven. Con la misma tosquedad y naturalismo se nos muestra el envenenamiento y el maltrarto – las dos prácticamente en escena.

El compositor aparentemente no se ha planteado nunca qué busca el público soviético y qué espera de la música. Como hecho a propósito, garabatea su música, confundiendo los sonidos de manera que su música solo llega a los “formalistas” que han perdido por completo el sentido del gusto. Ha ignorado la intención de la cultura soviética de abolir de todo su territorio la chabacanería y el salvajismo. Algunos críticos han considerado el encumbramiento de la lujuría del mercader una sátira. Pero no hay lugar aquí para la sátira. El compositor ha intentado, con toda la intención musical y dramática a su servicio, despertar la simpatía del espectador por las inclinaciones toscas y vulgares y el comportamiento de la mujer del mercader Katerina Ismailova.

Lady Macbeth ha tenido una buena acogida en el público burgués del extranjero. ¿No será que la alaban porque es confusa y no habla de política?¿No se explica esto porque cosquillea el gusto pervertido de la burguesía con su música inquieta y neurótica?

Nuestros teatros han invertido una enorme cantidad de energía en ofrecer una concienzuda puesta en escena de la ópera de Shostakovich. Los actores han mostrado un talento excepcional para dominar el ruido, los gritos y los rugidos de la orquesta. Con su actividad han intentado reforzar la debilidad de su contenido melódico. Por desgracia, esto solo ha servido para destacar las rasgos vulgares de la ópera de manera más clara. Los talentosos actores merecen nuestra gratitud, los esfuerzos baldíos – propósito de la enmienda.


Enlaces relacionados: Shostakovich: Caos en vez de música, Shostakovich: Cuarteto nº 8

Shostakovich: Caos en vez de música

Pocos temas han vertido tantos ríos de tinta como la relación de Shostakovich con Stalin y los sucesos de 1936. Lo anecdótico de la situación y lo maravilloso de las circunstancias cobran dimensión histórica porque vienen a ser un reflejo de la situación de las artes en Rusia y de su ambigua relación con el poder.

La historia comienza con Lenin. Cuando estalla la Revolución de octubre, la gran mayoría de artistas consagrados emigraron a Occidente. Entre los compositores: Stravinsky, Rachmaninov y Prokofiev. La Unión Soviética quedaba huérfana. Sin embargo, Lenin, supo hacer del vicio una virtud y aprovechó la situación para moldear las nuevas generaciones dentro de un modelo de artista soviético. La década de los veinte, fue un periodo de apogeo del arte de vanguardias y la política cultural estatal promovió la idea de un arte nuevo para un pueblo nuevo. Por otro lado, las autoridades estaban demasiado ocupadas con problemas más acuciantes (Guerra Civil, Nueva Política Económica y la oposición política) por lo que la cultura quedaba relegada como algo liminar y sin importancia. En una resolución del Politburo de1925 se defendía la libertad de competencia de los distintos grupos y tendencias culturales y rechazaba la injerencia de los órganos administrativos en asuntos literarios.

En este contexto, se fundan dos asociaciones que tendrán una importancia capital en la futura configuración musical: la Asociación de Música Contemporánea (ASM) en 1924 que aglutinaba a todos los compositores de vocación vanguardista y europeísta y la Asociación de Músicos Proletarios (APM; luego RAPM – Asociación de Músicos Proletarios Rusos) más afín a los dictados de la revolución pues componían grandes coros para los obreros en las fábricas y música mucho más sencilla. Estas dos asociaciones replican, en un marco bien distinto, las dos Rusias que existían desde el Siglo XVIII: una Rusia progresista abierta a Europa y Occidente y otra Rusia conservadora y eslavófila.

Ambas asociaciones defendían nominalmente los preceptos de la dictadura del proletariado y condenaban las conductas antisociales de los compositores. Sin embargo, existía una cierta permisividad institucional y un joven Shostakovich podía componer sus Suites de Jazz y podía abandonarse a las vanguardias.

Sin embargo, la situación empieza a cambiar a partir de la resolución sobre la “Reorganización de las asociaciones literarias y artísticas” de 1932. La medida se saludó como una liberación para el mundo del arte pues acababa de un plumazo con todas las Asociaciones (incluidas la ASM y la RAPM) y parecía dar vía libre a la creatividad de los compositores. Sin embargo, el hecho es que las dos asociaciones acabaron centralizándose en la Unión de Compositores Soviéticos que estaba dirigida no ya por artistas sino por políticos del Ministerio de Cultura. Los hechos acaecidos a partir de 1932 prueban que Stalin, con una maniobra sutil que parecía dotar de libertad de acción a la cultura, lo que hizo fue subordinarla a su criterio y a su programa. El ejecutor de la doctrina del líder soviético fue el célebre escritor Maxim Gorki que presentó en 1934 las bases del “realismo socialista”.

El realismo socialista reúne la doctrina del Partido Comunista en relación al arte. Rechaza cualquier manifestación artística que valore el subjetivismo (el yo, por encima del colectivo), el formalismo (la forma por encima del contenido) y cualquier tema que no tuviese que ver con el pueblo y los trabajadores. Toda expresión que estuviese fuera de estos parámetros era considerado arte burgués y se premiaba con un billete de ida a los campos de trabajo. La represión de los artistas comienza con el suicidio del poeta futurista Mayakovsky en 1930 y continuará con una ola de persecuciones y suicidios que terminará en 1940 con el fusilamiento de Meyerhold.

En esta situación, el joven Dmitry Shostakovich (1906-1975) empieza a destacar y en pocos años se convierte en una de las figuras de referencia de la música soviética. Su primer gran éxito fue con la ópera “La nariz” (1928-1929), después le siguió la banda sonora de la película “El contraproyecto” cuya canción En la fría mañana, se convirtió en un número uno a nivel mundial: Miles de personas la cantaron en la Plaza Roja para celebrar el Aniversario de la Revolución; en 1938 se publicó en Inglaterra con texto en inglés; tres años después lo hizo en Francia; en 1945 se convirtió en el himno de la ONU; En Suiza se convirtió en una canción nupcial.

En 1930 comenzó la composición de su ópera Lady Macbeth en el distrito de Mtsenk basándose en la novela homónima de Leskov. La composición que le llevó varios años, se estrenaría en San Petersburgo (Teatro MALEGOT) en 1934 y pocos días después en Moscú (Teatro Nemirovich-Danchenko y más tarde en el Bolshoi). La ópera fue tal éxito que estuvo casi dos años en cartel en los tres teatros simultánamente. Grandes personalidades artísticas del extranjero vinieron a Moscú a escucharla y a conseguir una partitura de la misma. Entre 1934 y 1936 la ópera se representó en Clevland, New York, Londres, Buenos Aires, Zurich, Filadelfia, Bratislava, Zagreb, Estocolmo y Ljubljana. Esta ópera instaló a Dmitry Shostakovich en la elite musical y le dio una perspectiva internacional. Tal vez fue por eso que cuando Ataturk invitó a una delegación de músicos soviéticos a Turquía, la gran estrella fuera Shostakovich.

Y de repente apareció Stalin…

El 17 de enero de 1936, Iosef Stalin acude al estreno de El Don Apacible de Ivan Dsershinski. Al término de la representación invita al compositor al palco y elogia su obra. El 26 de enero de 1936 acude a ver Lady Macbeth en el distrito de Mtsenk. Shostakovich estaba sentado en el palco de enfrente pero no podía ver a Stalin que siempre estaba fuera del alcance de la vista de los espectadores. Tan solo podía apreciar que sus acompañantes se reían constantemente y no paraban de bromear. Pasó el primer acto y Shostakovich no fue llamado al palco. Después del segundo tampoco. Terminó la obra y nadie le fue a buscar para que saliese al escenario para recoger los aplausos del público. Stalin tampoco le llamó.

El 28 de enero apareció en Pravda (el diario oficial) una editorial sin firma que se titulaba Caos en vez de música – a propósito de la ópera “Lady Macbeth de Mtsenk”. Como el artículo es uno de los más citados en la historia de la música, lo he traducido y lo he publicado separado en la siguiente entrada:

http://www.cuadernosdemusicayliteratura.com/2010/09/shostakovich-caos-en-vez-de-musica_20.html.

El artículo fue probablemente dictado directamente por el mismo Stalin. Tras la muerte de éste, Shostakovich defendía esta tesis pues tenía que haberlo escrito alguien con suficiente poder y sin conocimientos de música ya que, en el artículo, habla de "sonidos sinfónicos", una incorrección desde el punto de vista musical.



El texto es un ataque frontal al arte formalista de Shostakovich y contiene claras amenazas contra él. A partir de este artículo, comenzó una persecución orquestada contra el compositor: su ópera desapareció del cartel y se cancelaron todos los conciertos pevistos en los meses siguientes. En febrero, en la sección de Leningrado de la Unión de Compositores, los oradores rivalizaban en sus ataques a la ópera y al compositor. En la sesión de Moscú sucedió lo mismo. El 13 de junio de 1937, Shostakovich es llamado a las oficinas del NKVD (el comisionariado del pueblo y el encargado de juzgar y enviar a los traidores del pueblo a los Gulag) donde le interrogó un oficial que se llamaba Sakrevski. Intentó que confesase que pertenecía a un grupo terrorista. El siguiente interrogatorio estaba previsto para el lunes y se le exigía que diese los nombres de los conspiradores o sería enviado a un campo de trabajo. Cuando el lunes fue al interrogatorio se enteró de que Sakrevski había sido fusilado. Desde entonces y hasta el comienzo de la guerra, dormía vestido y con una maleta en la puerta ya que la policía acudía por las noches a practicar sus arrestos.






En cualquier caso, Stalin estuvo considerando mucho tiempo qué hacer con Shostakovich. Sabemos, tras haberse desclasificado documentos secretos del NKVD, que Stalin estuvo indagando cuál era la posición de los intelectuales rusos hacia Shostakovich. La máxima autoridad cultural - el escritor Maxim Gorki - y Nemrovich-Dachenko apoyaban sin fisuras la ópera. Por otro lado, Lady Macbeth, había tenido gran relevancia a nivel internacional y, los intelectuales europeos de izquierdas (especialmente los frances Romain Rolland y André Malraux) tenían en alta estima la música de Shostakovich. En el momento de la polémica, la Unión Soviética estaba negociando con Francia un importante acuerdo estratégico, y puede ser que Stalin valorase la importancia de no dar una mala imagen ante sus aliados franceses de cara a esta negociación.



Por último, parece ser que tuvo gran peso, a la hora de conseguir el perdón de Stalin, el trabajo de Shostakovich para el cine. Stalin era un gran aficionado al séptimo arte. Para el líder soviético, la vida y la muerte de los intelectuales, se medía en gran parte, por la utilidad o no para la revolución. Puede ser que las bandas sonoras fueran la tabla de salvación de Shostakovich.

La rehabilitación oficial de Shostakovich vino de su célebre Quinta Sinfonía (1937) donde regresó a un lenguaje mucho más convencional… pero eso ya es otra historia.

Analizando la cronología de los hechos, parece claro que Stalin utilizó la figura de Shostakovich para dar un golpe de autoridad en la cultura soviética. A pesar del establecimiento de la doctrina del realismo socialista, la mayoría de los compositores intentaba sortear los condicionantes creativos camuflando sus obras con vestidos populistas. Shostakovich era en ese momento el compositor de moda, no solo en Rusia, sino también en el extranjero. El mensaje de Stalin fue que bajo su égida, no iban a existir vacas sagradas y que cualquier desviación de la ortodoxia sería duramente reprimida.

La opresión de Stalin contra el arte fue bestial. No solo vendió gran parte de las obras maestras del Ermitage para financiar su plan industrial sino que persiguió sistemáticamente el talento. Los compositores que sufrieron una persecución sistemática por parte de Stalin fueron tres: Kabalevsky, Prokofiev y Shostakovich. El resto – la gran caterva de los mediocres – ocupaban los puestos ejecutivos dentro de la Unión de Compositores.












Bibliografía:


Meyer, Krzystof: Shostakovich. Su vida, su obra, su época. Alianza Editorial. Madrid. 1997


Volkov, Solomon: Shostakovich and Stalin. Little Brown. Londres. 2005



Enlaces relacionados: Shostakovich: Caos en vez de música (texto), Shostakovich: Cuarteto nº 8

jueves 16 de septiembre de 2010

Ludwig Wittgenstein / Paul Wittgenstein

Hace varios años, el gran dramaturgo Fernando Arrabal dio una conferencia en el Club Siglo XXI, sobre el filósofo vienés Ludwig Wittgenstein (1889-1951). Me sorprendió el tema que escogió pero sobre todo me fascinó la vida del pensador austriaco. Su vida parece haber sido diseñada por un guionista retorcido.

Ludwig nace en el seno de uno de las grandes fortunas europeas. Su padre, Karl, era uno de los grandes industriales del hierro y del acero en competencia con las familias Krupp y Thyssen. Recibió una educación exquisita en Viena. Estudió en el mismo colegio que Adolf Hitler y no se llevaba muy bien con él porque, a pesar de haberse convertido al catolicismo, la familia de Ludwig era judía. Aunque habían nacido el mismo año, Ludwig había avanzado una clase y Adolf había perdido un curso con lo que es poco probable que coincidieran mucho. En "Mein Kampf", Hitler menciona un chico judío del colegio al que hacían la vida imposible. No obstante había 17 niños judíos en la escuela por aquel tiempo.

Sus padres eran grandes mecenas y por su casa pasaban habitualmente Gustav Mahler, Richard Strauss y Johannes Brahms con quien Paul (1887-1961), su hermano, tocaba habitualmente a cuatro manos. También apoyó mucho a Gustav Klimt y financió la construcción del edificio de la Sezession en Viena. Klimt pintó a Gretl Wittgenstein el día de su boda.

Los otros tres hermanos varones de Ludwig y Paul se suicidaron - dos de ellos bastante jóvenes. Según Arrabal, los hermanos Wittgenstein tenían tendencias homosexuales y no pudieron aguantar la presión y los modales estrictos a los que les sometía su padre. Algunos investigadores sostienen que Ludwig también era homosexual.

Terminada la educación básica, Ludwig estudia ingeniería en Berlín y se interesa por la rencién nacida rama aeronáutica (estamos en 1908) llegando a patentar un motor de avión. Su interés por las matemáticas le fue acercando poco a poco a la lógica y decidió estudiar con Gottlob Frege y Bertrand Russell en Cambridge. A la muerte de su padre, en 1913, decide donar toda su fortuna a sus hermanas y - anónimamente - a varios artistas como Rilke o Trakl quedándose con lo justo para vivir. Por esta época empieza a retirarse al pueblo de Skjolden en Noruega largas temporadas en solitario. Durante la guerra combate y es hecho prisionero en Italia. Durante la contienda escribe su gran obra: el Tractatus Logicus Philosophicus. Después de la guerra, decide trabajar... ¡¡cómo profesor de colegio!! en varios pueblos de Austria y como jardinero en el convento de unas monjas - destinos ambos muy apropiados para una de las mentes más pleclaras y una de las mayores fortunas de Europa. Wittgenstein justificaba sus decisiones en la necesidad de convivir con gente corriente y con problemas corrientes.

Su hermano Paul - paralelamente - desarrolló una importante carrera de concertista. Debutó poco antes de la Primera Guerra Mundial pero fue herido por los rusos en Polonia y tuvieron que amputarle el brazo derecho. Al finalizar la guerra, lejos de retirarse, comenzó a desarrollar su carrera adaptando obras para una mano y comisionando trabajos a los compositores europeos más relevantes. Si Paul Wittgenstein ha pasado a la historia es porque Ravel escribió para él el célebre Concierto para la mano izquierda, una de las obras más fascinantes y complejas del repertorio:




Sin embargo, la lista de compositores que escribieron obras para él es increíble:


Sergei Prokofiev compuso para él su Cuarto Concierto para Piano. Paul intentó tocarlo pero como no le gustaba nada lo tiró directamente a la papelera.

Benjamin Britten escribió sus Diversions para piano y Orquesta para Paul.

Paul Hindemith escribió su Klaviermusik para piano y orquesta para Paul pero la partitura quedó en la misma papelera que la de Prokofiev. De hecho la partitura se perdió y no se ha podido recuperar hasta 2002.

Erich Korngold compuso para él el Concierto para piano op. 17.

Richard Strauss compuso dos piezas para él: La "Marcha de las panateneas" para piano y orquesta op. 74 y una adaptación de un movimiento de la "Sinfonía Doméstica" para piano y orquesta op. 73.

Epílogo

Durante la Segunda Guerra Mundial la familia Wittgenstein - representadas por las hermanas Wittgestein - no quiso huir de Viena y se encontraron arrinconadas por el tercer Reich. Para poder sobrevivir, cedieron al Imperio todos sus bienes inmuebles valorados, en aquel tiempo, en 6 billones de dólares. Paul se instaló en Estados Unidos en 1938 y allí residió el resto de su vida. Ludwig se nacionalizó inglés y murió en Cambridge.

Algunas frases de Ludwig Wittgenstein


La muerte no es ningún acontecimiento de la vida. La muerte no se vive. Si por eternidad se entiende no una duración temporal infinita, sino la intemporalidad, entonces vive eternamente quien vive en el presente.

De lo que no se puede hablar hay que callar.

El método correcto de la filosofía sería propiamente éste: no decir nada más que lo que se puede decir, o sea, proposiciones de la ciencia natural, o sea, algo que nada tiene que ver con la filosofía, y entonces, cuantas veces alguien quisiera decir algo metafísico, probarle que en sus proposiciones no había dado significado a ciertos signos. Este método le resultaría insatisfactorio, pero sería el único estrictamente correcto.

Una proposición sólo puede decir cómo es una cosa, pero no qué es ella.

Sentimos que aun cuando todas las posibles cuestiones científicas hayan recibido respuesta, nuestros problemas vitales todavía no se han rozado en lo más mínimo. Por supuesto que entonces ya no queda pregunta alguna; y esto es precisamente la respuesta.

¿Sabías que el célebre dramaturgo austriaco Thomas Bernhard escribió una de sus obras de teatro más importantes acerca de la familia Wittgenstein: "Almuerzo en casa de los Wittgenstein"?

miércoles 15 de septiembre de 2010

La insignia

La Insignia

“El hombre es un dios cuando sueña,
un miserable cuando razona”.
Hölderlin


“Este discurso va dirigido a vosotros, mediocres de la tierra” dijo Dexter Nie, ajustándose la pajarita roja que se había comprado expresamente para la ocasión. “Yo también he sido uno de vosotros”, continuó, buscando en el rostro de los espectadores el efecto innovador y destructor de sus palabras.

“Yo también he tenido una familia, un perro, una suegra, una tostadora y un montón de sueños vanos guardados en los trasteros del olvido. Mi vida, realmente comenzó un buen día de diciembre. Estaba paseando como todos los días a las seis en punto de la tarde a mi perro y pensaba en la manera de solucionar un embrollo en que me había metido mi jefe. Estaba mareado y la cabeza me daba vueltas. Mi puesto de trabajo y mi futuro dependían de mi capacidad de responder a los problemas surgidos en la cadena de producción. Y ustedes se preguntarán… ¿qué culpa tenía yo de que los zoquetes de la cadena de producción no supieran manejar la fresadora?”. Calló unos instantes como si aguardara que alguien del público le diera la razón ante lo comedido de sus palabras. Pero nadie respondió. Encogió los hombros y continuó:

“Como iba diciendo, aquel día paseaba al perro pensando en mis problemas. En un determinado momento dejé de estar dentro de mí. No sé muy bien cómo explicarlo pero es como si yo me estuviera viendo a mí mismo pasear por la calle con el perro. “¿Qué hace ese hombre aquí?” me preguntaba. “¡Bah! No es más que un hombre diminuto que pasea a su perro pensando que sus diminutos problemas ocupan el centro del Universo”. ¿Acaso nunca han pensado ustedes eso de otras personas?, pero ¿qué pasa cuándo ese Ser diminuto es uno mismo?.

En aquel momento recordé aquellos años de mi vida en que luchaba por hacer algo grande, por no ser uno de tantos.. Había despreciado a mi padre por ser un hombre mediocre y sin ambiciones y ahora me daba cuenta de que ese sería mi destino para siempre. ¿Inevitablemente?

No. Dejé atrás todo mi pasado: mi trabajo, mi mujer y mis hijos y entré en la Universidad. Sí. Ya sé que objetarán que dejar el trabajo era más que suficiente, sin embargo, mis ambiciones eran tantas que para realizar mis sueños necesitaba ese tiempo y esa libertad de espíritu que mi familia me había robado. Es triste pensarlo, pero es así: la familia es un freno para el genio. Agosta la creatividad y nos sume poco a poco en el pozo de la medianía.

Ahora vivo solo, dedicado a mi gran obra. Nada me distrae, no siento frío ni calor, no gozo ni padezco. Toda mi vida gira en torno a ella y a ella he dedicado mi vida. He estudiado mucho y he trabajado mucho para llegar a escribir los libros que tanto han dado que hablar al mundo.

Por eso este es el día más feliz de mi vida… después de muchos años se reconoce mi valía. Ya no estoy al otro lado. Ya no me siento ahí donde están ustedes y admiro al hombre que enfrente mío tiene la capacidad con su sabiduría de hechizar al auditorio. En mis libros tenéis un ejemplo a seguir. Yo también he sido uno de vosotros. Comprendo lo que sentís cuando llegáis a casa y no os queda más consuelo que el muro donde se estrellan vuestros sueños. No perdáis vuestra vida en el laberinto de la monotonía y dad lo mejor de vosotros a los demás. El mundo no espera menos de vosotros”.

Calló y juntó las manos como si elevara una plegaria al cielo. El auditorio estalló en aplausos. La mayoría de los asistentes estaba conmocionado por aquel discurso tan brillante y sentido.

Cuando terminó el ágape, el presidente de la Sociedad de Pescadores de Kentucky hizo entrega al doctor Dexter Nie de la insignia de oro y brillantes, máxima insignia de la Federación de Pesca. En los discursos que siguieron a la entrega de la insignia se alabó la profundidad y el alcance de sus conclusiones en las técnicas de pesca de bajura.

lunes 13 de septiembre de 2010

Homenaje, plagio o casualidad (I)

En la música, como en el resto de las artes, el artista ha ido progresando tomando como base el trabajo de sus predecesores y añadiendo la propia personalidad a la tradición. En la música, un elemento habitual son las citas, los homenajes, las paráfrasis, las glosas. Cuando Brahms utiliza en su primera sinfonía un tema basado en tres golpes todo el mundo entendería perfectamente que homenajeaba los tres golpes del destino de su idolatrado Beethoven. Mozart incluye en la serenata de Don Giovanni música del valenciano Martín y Soler como homenaje a su ópera (Una cosa rara) que estaba de moda en Viena.

Sin embargo, me gustaría rescatar algunos ejemplos de coincidencias menos conocidas y curiosas

Me llama mucho la atención el parecido de la estructura del acompañamiento en la canción de Fauré "Fleur Jetté" de 1884 con el celebérrimo Lied de Schubert "Erlkönig" de 1815.







Gabriel Fauré a partir de la Guerra Franco-prusiana fue uno de los campeones de la música francesa frente a la alemana... ¿Homenaje, plagio o casualidad?

El otro caso que quería presentar es un caso de reutilización de los materiales que hasta el Romanticismo fue algo habitual. Los músicos tenían una producción musical tan grande y muchas veces no publicada, de manera que reutilizaban ideas, temas y melodías propias en otras obras. Sin embargo, nunca vi nada tan descarado como el caso del tema de las Sonatas de Schubert D.959 (4ºmovimiento) y D.537 (2º movimiento). Eso si, ¿no es una de las melodías más deliciosas que escribió Schubert?







Enlaces relacionados: Homenaje, plagio o casualidad (II)

martes 7 de septiembre de 2010

Música y guerra: Los compositores europeos durante la Primera Guerra Mundial

Sin entrar de lleno en las consecuencias y en los sucesos de la Primera Guerra Mundial, siempre he sentido una gran curiosidad por saber dónde estaban los grandes compositores durante la Primera y Segunda Guerra Mundial. Hasta 1914, las guerras apenas habían movilizado a civiles y en consecuencia, hasta esta guerra los músicos se habían mantenido fuera de las contiendas. Ya en la guerra franco-prusiana de 1870, Gabriel Fauré había participado como voluntario en la Cruz Roja. Sin embargo, en la Gran Guerra, casi todos los compositores tuvieron un papel en ella.

El frente francés

Francia fue una de las grandes damnificadas pues casi toda la guerra tuvo lugar en suelo francés. Si la guerra franco-prusiana había significado el rechazo de cualquier influencia alemana (sobre todo Wagner), este conflicto ahondó más en las diferencias en cuanto al lenguaje musical. Los compositores mayores (Fauré, Saint-Saëns y Debussy) contemplaron la guerra desde la retaguardia y se dedicaron a ofrecer conciertos en beneficio de las tropas francesas. Cuando la guerra estalló Fauré (69 años en 1914) se hallaba en los baños de Baden-Baden en Alemania y lo pasó muy mal para huir hasta Suiza ya que gran parte del recorrido lo tuvo que hacer andando.

Camile Saint-Saëns (79 años) estaba ya instalado en Argel y realizó sobre todo trabajo de propaganda escribiendo una serie de artículos titulados "Germanophilie" criticando la música alemana y toda la herencia wagneriana. Claude Debussy (52 años) llevaba desde 1909 luchando contra el cáncer que acabaría con su vida. Su muerte en 1918 coincidió con el comienzo de una ofensiva alemana en Arrás a 150 kms de París y acaeció durante intensos bombardeos en la ciudad. Así pues, Debussy fue enterrado sin ninguna ceremonia y entre intensos bombardeos.

Maurice Ravel (39 años) participó de manera activa en la contienda como chófer de camión. Ravel quiso enrolarse en el ejército pero fue rechazado por su pequeña estatura. Participó en la batalla de Verdún donde sufrió una peritonitis que le obligó a retirarse del frente. Durante la guerra escribió "Le tombeau de Couperin" dedicado a sus amigos caídos en el frente.

Albert Roussel (41 años) también fue declarado no apto para el servicio militar y se enroló como conductor de una ambulancia. En 1915 se alistó como voluntario en el XIII regimiento de artillería y fue conductor de una columna logística que abastecía el frente. En 1918 fue declarado inválido tras otra crisis de salud.

Alberic Magnard (49 años) era considerado el "Bruckner francés". Cuando estalló la guerra en 1914, Magnard envió a su familia a un lugar seguro y se quedó para proteger su propiedad en Baron Oise al Norte de París. Cuando unos soldados alemanes intentaron entrar en su casa mató a uno de un disparo pero los alemanes quemaron la casa con el compositor dentro.

El frente inglés

El frente inglés tuvo en la retaguardia al decano de la música inglesa Sir Edward Elgar (57 años) y a Gustav Holst (40 años) que compuso "Los Planetas" durante la guerra, pero contó en el frente con Ralph Vaughan Williams (42 años) que condujo una ambulancia en el frente de Flandes y con George Butterworth (29 años) que fue una de las dos víctimas en el mundo de la música durante la guerra ya que murió en la batalla de Pozières por el disparo de un francotirador en 1916. Butterworth era considerado como uno de los grandes talentos de la música inglesa de su tiempo.

El frente austro-alemán

Pocos compositores tuvieron parte activa en la guerra. Richard Strauss (50 años) estaba componiendo "La mujer sin sombra" y la maravillosa "Sinfonía Alpina".

Los compositores de la Segunda Escuela de Viena tuvieron muchos problemas para participar en la guerra. El caso más interesante es el de Alban Berg (29 años). Fue movilizado al frente húngaro pero, debido a su salud enfermizo, fue enviado al Ministerio de Guerra donde empezó a escribir su obra maestra "Wozzeck". La obra está basada en una obra de teatro sobre la guerra pero parece ser que la figura del doctor y el sargento están sacadas de su traumática experiencia personal.

Arnold Schönberg (40 años) tuvo una relación un tanto peculiar con el ejército. Fue enrolado en 1915 en la Royal Regiment Hoch-Deutschmeister nº 4. En 1916 está en la escuela de oficiales reservistas en Bruck pero es liberado de sus funciones por problemas con el asma. En 1917 se le convoca otra vez pero solo está unos meses en el ejército otra vez por problemas de salud. Schömberg estuvo bastante frustrado durante la guerra y compuso su oratorio "La escalera de Jacob". Anton Webern (31 años) fue enrolado en 1915 y en 1916 tuvo que dejar el servicio por su miopía.

Carl Orff - celebérrimo por sus "Carmina Burana" - (19 años) fue uno de los pocos músicos alemanes que estuvo en el frente y resulto gravemente herido y casi muerto durante el bombardeo de una trinchera.

Bela Bartok (33 años), húngaro de nacimiento, pertenecía al Imperio Austrohúngaro y, al contrario que Fauré, al comienzo de la guerra se encontraba en Francia y tuvo que hacer un gran esfuerzo para llegar a suelo alemán. Fue considerado inhábil para el servicio. No obstante dedicó gran parte de su tiempo a recopilar canciones populares de los soldados.

Epílogo

En líneas generales los compositores partiparon en la Primera Guerra Mundial aunque pocos estuvieron en el Frente. Tres compositores murieron en la contienda Butterworth (como hemos comentado), Alberic Magnard y el español Enric Granados que murió en 1916 cuando el barco en que viajaba fue torpedeado por los submarinos alemanes. Aunque este sea un artículo breve, considero que es un tema muy interesante para una futura investigación.

miércoles 1 de septiembre de 2010

José Martí: Amor de ciudad grande

AMOR DE CIUDAD GRANDE

De gorja son y rapidez los tiempos.
Corre cual luz la voz; en alta aguja,
Cual nave despeñada en sirte horrenda,
Húndese el rayo, y en ligera barca
El hombre, como alado, el aire hiende.
¡Así el amor, sin pompa ni misterio
Muere, apenas nacido, de saciado!
¡Jaula es la villa de palomas muertas
Y ávidos cazadores! Si los pechos
Se rompen de los hombres, y las carnes
Rotas por tierra ruedan, ¡no han de verse
Dentro más que frutillas estrujadas!

Se ama de pie, en las calles, entre el polvo
De los salones y las plazas; muere
La flor el día en que nace. Aquella virgen
Trémula que antes a la muerte daba
La mano pura que a ignorado mozo;
El goce de temer; aquel salirse
Del pecho el corazón; el inefable
Placer de merecer; el grato susto
De caminar de prisa en derechura
Del hogar de la amada, y a sus puertas
Como un niño feliz romper en llanto;
Y aquel mirar, de nuestro amor al fuego,
Irse tiñendo de color las rosas,
¡Ea, que son patrañas! Pues ¿quién tiene
Tiempo de ser hidalgo? ¡Bien que sienta,
Cual áureo vaso o lienzo suntuoso,
Dama gentil en casa de magnate!
O si se tiene sed, se alarga el brazo
¡Y a la copa que pasa se la apura!
Luego, la copa turbia al polvo rueda,
Y el hábil catador -manchado el pecho
De una sangre invisible- sigue alegre
Coronado de mirtos, su camino!
¡No son los cuerpos ya sino desechos,
Y fosas, y jirones! Y las almas
No son como en el árbol fruta rica
En cuya blanda piel la almíbar dulce
En su sazón de madurez rebosa,
¡Sino fruta de plaza que a brutales
Golpes el rudo labrador madura!

¡La edad es ésta de los labios secos!
¡De las noches sin sueño! ¡De la vida
Estrujada en agraz! ¿Qué es lo que falta
Que la ventura falta? Como liebre
Azorada, el espíritu se esconde,
Trémulo huyendo al cazador que ríe,
Cual en soto selvoso, en nuestro pecho;
Y el deseo, de brazo de la fiebre,
Cual rico cazador recorre el soto.

¡Me espanta la ciudad! ¡Toda está llena
De copas por vaciar, o huecas copas!
¡Tengo miedo ¡ay de mi! de que este vino
Tósigo sea, y en mis venas luego
Cual duende vengador los dientes clave!
¡Tengo sed; mas de un vino que en la tierra
No se sabe beber! ¡No he padecido
Bastante aún, para romper el muro
Que me aparta ¡oh dolor! de mi viñedo!
¡Tomad vosotros, catadores ruines
De vinillos humanos, esos vasos
Donde el jugo de lirio a grandes sorbos
Sin compasión y sin temor se bebe!
¡Tomad! ¡Yo soy honrado, y tengo miedo!

Amor de ciudad grande es uno de los poemas más significativos de José Martí (1853-1895). El poeta cubano fue una de las figuras políticas más importantes de Cuba y, tras fundar el Partido Revolucionario Cubano y participar como instigador en los levantamientos que terminaron con la independencia de 1898 se le considera el "Apóstol" nacional. Su vida estuvo dedicada a la independencia de su patria y a la creación de un corpus ideológico de un nacionalismo americano que plasmó en su obra maestra "Nuestra América". Murió en 1895 en combate contra las tropas españolas.

"Amor de ciudad grande" pertenece a los Versos libres escritos entre 1878 y 1882 en su exilio de Nueva York. Este poemario permaneció inédito en vida del poeta. Los versos libres aluden a la forma (no tienen ningún tipo de rima) y al contenido (hablan sobre todo de la libertad).

El verso libre es un recurso poco frecuente en 1880 y el haberlos utilizado refleja la influencia de las "Hojas de hierba" (1855) de Walt Whitman el padre del verso libre. La ausencia de rima obliga a Martí a centrarse en el ritmo y en la sonoridad propia de cada palabra. Por esta razón, a lo largo del poema recurre con frecuencia al hiperbaton estrambótico ("Jaula es la villa de palomas muertas" --> "La villa es jaula de palomas muertas" o "De gorja son y rapidez los tiempos" --> "Los tiempos son de gorja y rapidez" o "Si los pechos se rompen de los hombres" --> " Si se rompen los pechos de los hombres").

El poema está estructurado en tres secciones a modo de introducción, nudo y desenlace. Cada sección sigue la misma pauta: primero expone de qué va a hablar y luego desarrolla el tema a modo de glosa. La introducción se resume en el primer verso:

"De gorja son y rapidez los tiempos"

Vivimos tiempos de alegría y desenfreno, y para demostrarlo tres metáforas vertiginosas: Corre cual luz la voz (el teléfono), en alta aguja, cual nave despeñada en sirte horrenda, húndese el rayo (pararrayos), en ligera barca el hombre, como alado, el aire hiende (el avión). En pocos versos y sin apenas una pausa ha expuesto la tesis de su poema: el hombre vive centrado en el progreso y su consecuencia: "Así el amor, sin poma ni misterio muere apenas nacido de saciado".

La sección central expone las consecuencias que supone el mundo en que vivimos para los hombres y como en la anterior sección comienza con un verso que resume el contenido:

Se ama de pie, en las calles, entre el polvo
De los salones y las plazas; muere
La flor el día en que nace

y su consecuencia:

¡La edad es ésta de los labios secos!
¡De las noches sin sueño! ¡De la vida
Estrujada en agraz!

La conclusión del poema reúne con una fuerza impresionante todo el rechazo y el odio que José Martí siente por esa falta de espiritualidad en la sociedad de su tiempo:

¡Me espanta la ciudad! ¡Toda está llena
De copas por vaciar, o huecas copas!

¡Tomad vosotros, catadores ruines
De vinillos humanos, esos vasos
Donde el jugo de lirio a grandes sorbos
Sin compasión y sin temor se bebe!
¡Tomad! ¡Yo soy honrado, y tengo miedo!

El poema toma como eje la gran ciudad (Nueva York) como símbolo de la decadencia espiritual de toda una generación. Para él la ciudad es un monstruo gigante que engulle y esconde todo lo bueno que hay en el ser humano. El tema se había utilizado frecuentemente en la poesía desde Horacio, pasando por Fray Luis de León ("Qué descansada vida / la del que huye del mundanal ruido"). Curiosamente, los tres poetas tienen en común que viven en una época de crisis. Martí tiene que encarar uno de los momentos más trágicos desde el punto de vista de la espiritualidad. El cambio de siglo supone un fuerte avance del positivismo, de los descubrimientos científicos y una gran crisis en la fe. La sociedad burguesa comienza a acostumbrarse a la comodidad - trenes, coches, comienzan las primeras vacaciones, casas confortables - y dejan de lado la formación del espíritu. Es por esto que, unos años más tarde, surgirán los totalitarismos como una solución ante ese vacío de creencias, ante ese vacío de vida interior: el estado pasará a sustituir a Dios.

En este ámbito de decadencia en el que Martí se instala para mirar con nostalgia hacia un pasado (incluso un presente por poco tiempo en la Cuba rural) cargado de contenidos emocionales que se perderá para siempre:

Aquella virgen
Trémula que antes a la muerte daba
La mano pura que a ignorado mozo;
El goce de temer; aquel salirse
Del pecho el corazón; el inefable
Placer de merecer; el grato susto
De caminar de prisa en derechura
Del hogar de la amada, y a sus puertas
Como un niño feliz romper en llanto;
Y aquel mirar, de nuestro amor al fuego,
Irse tiñendo de color las rosas,
¡Ea, que son patrañas! Pues ¿quién tiene
Tiempo de ser hidalgo?

Como antagonista está la ciudad, resumida en el primer verso ("de gorja son y rapidez los tiempos"): "Se ama de pie... muere la flor el día que nace...o si se tiene sed se alarga el brazo ¡Y a la copa que pasa se le apura!..." que define como un lugar de comodidades donde todo se puede conseguir fácilmente. Este acceso desenfrenado a los placeres del mundo conlleva un abandono del jardín espiritual, de manera que, aunque los hombres no son conscientes de su progresiva degeneración ("manchado el pecho de una sangre invisible") van poco a poco perdiendo su riqueza interior ("Y las almas/ No son como en el árbol fruta rica / En cuya blanda piel la almíbar dulce / En su sazón de madurez rebosa, /¡Sino fruta de plaza que a brutales /Golpes el rudo labrador madura!").

En definitiva el poema es una elegía a todos aquellos valores espirituales que hacen grande al hombre. El ser humano esclavizado por sus pasiones y por sus deseos, se abandona de manera silenciosa en el jardín de los placeres y pierde todo aquello que es digno de admiración. Ciento treinta años después de haberse escrito el poema, las ciudades son cada día más grandes, cada día más monstruosas...